Por la normatividad electoral, los partidos políticos ya publicaron sus respectivos planes de gobierno. Y lo hicieron incluso antes de escoger a su candidato presidencial. Además, en muchos casos, los jefes de planes de gobierno no conversan muy fluidamente con los candidatos.
Ya en el fragor de la campaña, estos últimos escogen diversos temas dentro de sus planes de gobierno o incluso fuera de ellos, en función de captar más simpatías electorales. Asimismo, intentan atacar los puntos flacos de las propuestas de sus oponentes.
Así, cada campaña tiene su propia dinámica y los temas económicos se seguirán tocando en función de las necesidades de esta. Por ejemplo, los temas y problemas económicos en el sur son distintos a los del norte y a los de Lima.
Tal vez la economía no sea la estrella en los debates de esta campaña política. Se espera, más bien, que el tema de la seguridad ciudadana sea el centro del debate político electoral.
En un segundo lugar estará el tema de la creación de nuevos empleos. Esto último es muy importante porque se viene observando un comportamiento dual en el mercado laboral.
Por un lado, el mundo formal y educado viene mostrando un dinamismo importante tanto en niveles de empleo como en mayores salarios reales. Por otro lado, se observa cierto estancamiento en los mercados laborales informales, en particular en sus salarios reales. Mención aparte merece el mal desempeño del empleo juvenil, que requerirá no solamente de un mayor ritmo de crecimiento económico, sino tal vez de políticas expresas para enfrentar su mal desempeño.
En general, los principales candidatos de centro y centroderecha no ponen en cuestión los principios fundamentales del actual sistema económico: el respeto a la propiedad privada, la estabilidad macroeconómica y un claro rol del Estado. Aunque también existen ciertos tratamientos tributarios diferenciados, pero sin efectos macro fiscales importantes. Muchos planteamientos están muy abiertos todavía.
Solo las agrupaciones políticas de izquierda y extrema izquierda plantean alteraciones al actual sistema económico e incluso ir a una asamblea constituyente.
En una primera etapa ocurre la presentación de los planes de gobierno. En una segunda etapa, la campaña política misma, que además tendrá otra dinámica en la segunda vuelta. Allí será ineludible el tratamiento de los planes de gobierno de los dos finalistas. Ambos tratarán de atacar a su rival y defender sus propias posturas.
Sin embargo, lo más importante –desde un punto de vista práctico– ocurre una vez elegido el ganador en la segunda vuelta de junio. Es en ese momento en el que se comienzan a conocer los nombres de los encargados de la política económica general y sectorial. En las elecciones de los últimos 25 años, se ha escogido a expertos independientes, que no han participado en la campaña política. Por ello, mucho dependerá de la agenda personal y profesional de los nuevos ministros, más de lo que está escrito hoy en día en los planes de gobierno.
Solamente algunas ideas importantes o emblemáticas de los planes de gobierno resistirán la campaña política y el nuevo Ejecutivo. Por ejemplo, en el caso de presidente Castillo, sobrevivió la mala idea de afectar las decisiones de tercerización de las empresas. La llamada “segunda reforma agraria” del castillismo consideraba ayuda técnica y crediticia para los pequeños productores agrarios. Esto nunca llegó. Ni siquiera se pudo comprar urea por parte de los primeros ministros de Agricultura de ese gobierno.
En el caso del presidente Kuczynski, sobrevivió la idea de un nuevo régimen tributario para la pequeña empresa. Y se terminó con un subsidio de menor cuantía (algo de S/15.000 de menos carga tributaria anual), que no tuvo mayores impactos en el sector, salvo en el mal uso de los recursos del fisco.
En resumen, lo positivo de lo que va de la campaña es que la mayoría de los planes de gobierno no afecta el sistema económico actual. Solo un pequeño puñado de partidos de izquierda, que por ahora son minoría absoluta en las encuestas.
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