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Repensando la edad
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Repensando la edad

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Durante décadas, la edad ha sido tratada como un dato objetivo, casi incuestionable. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que la edad no se vive solo en años, sino también en percepciones, emociones y contextos sociales. En el Perú, esta distancia entre la edad cronológica y la edad sentida se está ampliando.

Desde el 2018, las personas en el país declaran que se sienten jóvenes durante menos tiempo y empiezan a sentirse mayores a edades más tempranas. En el 2025, la edad promedio a la que las personas dicen que “dejan de sentirse jóvenes” ha descendido a los 37 años, frente a los 39 registrados en el 2018. Del mismo modo, la edad a la que comienzan a “sentirse viejas” se ha adelantado de manera significativa: hoy se sitúa en los 49 años, cuando en el 2018 era de 53.

Esta tendencia no es exclusiva del Perú, pero sí presenta particularidades. Según el Worldviews Survey de WIN, en el que participa Datum, en el ámbito global las personas dicen que dejan de sentirse jóvenes alrededor de los 41 años y empiezan a sentirse viejas cerca de los 53. Es decir, en el contexto peruano estos umbrales son más bajos, lo que sugiere una experiencia del envejecimiento más acelerada que el promedio mundial.

¿Qué está detrás de este fenómeno? Los límites cambiantes entre juventud y vejez no responden a una sola causa, sino a una combinación de presiones personales y dinámicas culturales más amplias. Un factor clave es el aumento de las presiones vitales a edades más tempranas. Para muchas personas, las responsabilidades asociadas a la adultez –como la presión económica, el cuidado de familiares o la inseguridad laboral– llegan antes de lo esperado, acortando la sensación de ligereza y posibilidad que suele asociarse con la juventud. A esto se suma un contexto global marcado por la incertidumbre y la fatiga emocional. Pandemias, ansiedad climática y tensiones geopolíticas constantes generan una carga psicológica que se traduce en una forma de “envejecimiento emocional”. No es que el cuerpo envejezca más rápido, sino que la mente se siente cansada antes.

Paradójicamente, mientras algunas responsabilidades llegan temprano, muchos hitos tradicionales de la adultez se retrasan o se redefinen. Carreras estables, la propiedad de una vivienda o la paternidad ya no siguen trayectorias lineales. Este desfase deja a muchas personas en una especie de limbo: ya no se sienten jóvenes, pero tampoco plenamente adultas según los estándares tradicionales.

Los retos de salud y bienestar también juegan un papel central. El aumento de los problemas de salud mental, los trastornos del sueño y el estrés crónico erosionan la vitalidad que culturalmente asociamos con la juventud. A ello se suma el agotamiento físico y emocional derivado de largas jornadas laborales, la hiperconectividad y la presión constante por rendir y compararse.

Las narrativas culturales refuerzan esta sensación. En muchas sociedades, envejecer se presenta como algo negativo, mientras que la juventud es idealizada y glorificada en los medios y las redes sociales. Esta combinación hace que las personas se sientan “viejas” mucho antes de lo que solían hacerlo generaciones anteriores. La aceleración digital profundiza esta percepción: quedarse atrás en tendencias tecnológicas o plataformas puede generar una sensación inmediata de obsolescencia.

Muchas instituciones y organismos de formulación de políticas continúan usando definiciones rígidas, clasificando a los jóvenes como personas de 15 a 24 años y a las personas mayores como aquellas de más de 60, según criterios de las Naciones Unidas. Estos hallazgos ponen en evidencia la brecha entre estas categorías oficiales y la experiencia real de las personas. Repensar la edad no es solo un ejercicio conceptual: es una necesidad para diseñar políticas, productos y narrativas más inclusivas, que reconozcan que sentirse joven o viejo ya no depende únicamente del calendario, sino del mundo que habitamos.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Urpi Torrado es CEO de Datum Internacional.

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