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Los tiempos del Escarabajo, por Patricia del Río

“En el Perú el Escarabajo fue un auto emblemático”.

Patricia del Río Periodista

Volkswagen dice que dejará de fabricar su emblemático Beetle en julio del próximo año.

“Sus llantas grandes lo hacían perfecto para viajar por nuestras desastrosas carreteras, y no había un solo rincón del país donde no apareciera un mecánico capaz de arreglarlo”.

La idea fue de Adolfo Hitler, el diseño de Ferdinand Porsche, el objetivo, que Alemania se posicionara como una potencia industrial y que el ciudadano de a pie pudiera convertirse, sin mucha inversión, en ciudadano de a ruedas. El famoso Escarabajo de Volkswagen, el auto más vendido y entrañable del mundo, tuvo un nacimiento oscuro, asociado a un régimen de muerte, pero logró convertirse con los años, y con el uso de millones de familias, en un símbolo de la clase media, de la vida simple, de la conquista del espacio urbano por parte de los trabajadores.

Todo en él era raro: su forma de huevo, sus colores chillones (los había verde, rojo, amarillo, naranja, turquesa), no se le echaba agua, llevaba el motor atrás y, además de los asientos donde entraban cuatro adultos cómodos (¿o cinco?), había un espacio llamado “el hueco” donde siempre viajaba un miembro de la familia, obligado a ir en posición momia Paracas.

En el Perú fue un auto emblemático. Sus llantas grandes lo hacían perfecto para viajar por nuestras desastrosas carreteras, y no había un solo rincón del país donde no apareciera un mecánico capaz de arreglarlo. Fui testigo de cómo un viajero optimista reemplazaba la correa del radiador con la panty de su novia hasta llegar a un taller. Por años una amiga de la universidad en lugar de la tapa del tanque de gasolina, que le habían robado, usaba una coronta de choclo, y siempre había alguien en el barrio cuyo Escarabajo no prendía y había que darle un empujón para que arrancara por las mañanas. Las madres llevaban a los chicos al colegio metidos como sardinas sin cinturones de seguridad, sin aire acondicionado y con una radio que sintonizaba pésimo, pero algo tenía el carrito del pueblo que inspiraba compañerismo, que hacía la vida más simple y que nos obligaba a establecer reglas de convivencia para no sacarnos los ojos. Pobre del que no respetara el lugar que se le había asignado o que intentara contrabandear el hueco por ir al lado de la ventana.

En el año 2003 dejó de producirse para siempre el modelo clásico, y hace unas semanas Volkswagen anunció que su reemplazo más sofisticado y pitucón tampoco va más. Las huellas del Escarabajo van borrándose poco a poco de nuestras pistas y los que quedan ya son vistos como ecos de un pasado que nos transporta a esas largas horas en familia en que viajábamos cantando un elefante se balanceaba… para paliar el aburrimiento.

Hoy las calles están llenas de combis, autos de lujo, camionetas 4x4, modelos económicos venidos de Japón, China, Corea que resultan más cómodos y seguros. Pero cada vez que el caos del tráfico nos ahoga y la agresividad se encarama tras un volante, no sé a ustedes pero a mí me da nostalgia y me gusta recordar esa ciudad, quizá más triste, quizá melancólica, por cuyas calles viajaban Escarabajos de todos los colores...

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