Había una vez un tal Francisco

“No fue perfecto ni quiso parecerlo. Vivió con sobriedad, habló con claridad, actuó con compasión. Que su legado no quede solo en memoria: que sea semilla que brote frutos”.

    Nicolás Ayala
    Por

    Estudiante de Derecho en la UP

    Resumen

    Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

    (Foto: Alberto PIZZOLI / AFP)
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    / ALBERTO PIZZOLI

    En el corazón de la fe cristiana, la muerte no es el final, sino una puerta. Duele, sí, pero deja espacio para la esperanza y la gratitud. El vacío que deja alguien querido es, muchas veces, la medida de cuánto bien hizo en vida. Y el que deja el papa Francisco habla de un amor profundo, compartido entre creyentes y también por quienes, sin compartir su fe, encontraron en él una voz necesaria.

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