En un mundo cada vez más interconectado y desafiante, el liderazgo no es solo una virtud deseable, sino una necesidad impostergable. En ese contexto, el Modelo de Naciones Unidas (MUN) se ha consolidado como un espacio clave para formar a los líderes del futuro.
En estas simulaciones, los participantes asumen el rol de diplomáticos y representan a distintos países en debates sobre temas globales, siguiendo un protocolo similar al de la ONU.
El debate se desarrolla en comités que replican organismos reales de la ONU. En estos espacios, los participantes investigan, redactan resoluciones y defienden posturas, enfrentándose a escenarios de negociación que exigen argumentación sólida, pensamiento estratégico y habilidades de comunicación.
Pero los MUN van más allá de la simulación de debates diplomáticos. Son verdaderas escuelas de liderazgo, donde los jóvenes aprenden a representar a un país (muchas veces con una postura distinta a la propia) y exige desarrollar empatía política y comprender que la diplomacia no se trata de imponer ideas, sino de gestionar intereses y encontrar soluciones viables.
Participar en un MUN no es solo un ejercicio académico, sino una experiencia transformadora que reta a los jóvenes a mirar más allá de sí mismos y asumir la responsabilidad de generar impacto en su comunidad.
En tiempos de incertidumbre, la formación de líderes no puede quedar al azar. Los MUN son más que eventos académicos, son espacios de entrenamiento en los que se cultivan las habilidades que el mundo necesita con urgencia.
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