Un premier para el invierno

A falta de otras virtudes, Arana ostenta la de no ser Quero.

    Mario Ghibellini
    Por

    Periodista

    Resumen

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    Ilustración: Composición GEC
    Ilustración: Composición GEC

    Dos meses atrás, con ocasión de la censura al entonces ministro del Interior, Juan José Santiváñez, comentábamos en esta pequeña columna que, en coincidencia con lo que dictaban los calendarios, al gobierno le había llegado el otoño. No nos referíamos, claro, solo al cambio de clima verificable en el mundo exterior, sino también a uno simbólico. Había iniciado para el Ejecutivo, decíamos, una estación política en la que también todo se marchitaría y se tornaría mustio. Eso, al menos, era lo que sugería la suspensión de la entente tácita entre las bancadas mayoritarias del Congreso y la administración de la señora Boluarte que había precipitado el licenciamiento de Santiváñez. Añadíamos, sin embargo, que lo que realmente debía preocupar a la mandataria era que, terminado el otoño, inexorablemente llegaría el invierno. Y ahora, con la presión ejercida desde la Plaza Bolívar para que despachase a Adrianzén, es evidente que el arribo de la temporada del granizo y la escarcha está para ella a la vuelta de la esquina.

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