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“Elecciones limeñas: partidos, los de antes”, por Fernando Tuesta

Ganar en Lima ya no significa ser un alcalde con potencialidades presidenciales, menos que su partido sea significativamente importante

Municipalidad de Lima

“La intención de voto no está en relación a la capacidad y formación de los candidatos que están en mejores posiciones en las encuestas”. (Foto: Archivo El Comercio)

Archivo El Comercio

Luis Castañeda Lossio ganó las últimas elecciones municipales con diez veces más votos que el primer alcalde de Lima elegido por voto popular, Luis Bedoya Reyes, en 1963. Desde aquella época, obviamente, ha pasado mucha agua bajo el puente. De los puentes que no se desploman.

Lima, la principal plaza política, donde se disputa el municipio más importante del país, dejó de ser el promedio, la muestra casi exacta de lo que pasaba en el resto del país. Ganar en Lima ya no significa ser un alcalde con potencialidades presidenciales, menos que su partido sea significativamente importante.

En más de medio siglo, la capital ha tenido ocho alcaldes que fueron elegidos directamente: Luis Bedoya Reyes (AP-DC), Eduardo Orrego (AP), Alfonso Barrantes (IU), Jorge del Castillo (PAP), Ricardo Belmont (Movimiento Obras), Alberto Andrade (Somos Perú), Luis Castañeda Lossio (Solidaridad Nacional) y, la única mujer, Susana Villarán (Fuerza Social).

De ellos, Eduardo Orrego no se presentó a la reelección y los dos de izquierda –Alfonso Barrantes y Susana Villarán– no fueron reelegidos. El resto sí. De este último grupo, Luis Castañeda Lossio es el que más tiempo ha sido alcalde de Lima. Al término de su mandato habrá estado a la cabeza del municipio de Lima doce años en tres mandatos.

Un hecho importante se aprecia en este listado: es el fiel reflejo de lo que ha ocurrido con los partidos políticos. Hasta fines del ochenta solo ganaban los candidatos de los partidos, cubriendo todo el abanico ideológico. El desgaste del mismo, también. El quiebre fue con Ricardo Belmont, hoy nuevamente candidato. El primer ‘outsider’ fue la antesala del desplome del sistema partidario, con Alberto Fujimori como protagonista. Tal fue el efecto perverso que, en 1993, Ricardo Belmont fue reelegido en una competencia en la que participaron 33 candidatos, el mayor número en la historia. A la alta fragmentación le sobrevino el triunfo de organizaciones personalistas hasta el día de hoy. Los partidos han contado poco. Desde los noventa, ningún candidato de los más importantes partidos ha ganado el municipio de Lima.

La presente elección municipal muestra esta tendencia de manera acentuada. Una veintena de candidatos, el segundo número más alto de la historia, se disputan el municipio de Lima, donde más de la mitad son invitados. Es más, Perú Patria Segura, Perú Libertario, Podemos Perú, Democracia Directa, Unión por el Perú –algunos de los partidos cuyos candidatos tienen intención de voto alto dentro de un promedio bajo– son pequeñas organizaciones, cascarones con inscripción legal o franquicias políticas. Es más, la intención de voto de los candidatos de los partidos con representación en el Congreso, Fuerza Popular, Alianza para el Progreso, AP, Frente Amplio, PPK y el PAP, suma alrededor del 5%. El primero de ellos, el partido con mayor representación en el Congreso, tiene un candidato con menos del 1%.

Pero la intención de voto no está en relación a la capacidad y formación de los candidatos que están en mejores posiciones en las encuestas. De esta manera, el próximo alcalde de Lima probablemente sea un candidato que una vez que gane se desentienda del partido que lo candidateó y su equipo de trabajo tenga poco que ver con él. El cierto control político que puede hacer el partido desaparece.

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