La Estampida, el restaurante en La Libertad que puso al Perú en el mapa internacional de las carnes
Tras imponerse a cortes de carne argentinos en el Campeonato Mundial de Carnes del 2025, el ambicioso proyecto liderado por el chef Ricardo Castro y los hermanos Alfonso y Marcos Rebaza está cambiando la historia de nuestras parrillas, poniendo la carne peruana en el radar del mundo como un producto prémium.
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
Ricardo Castro empieza sus días muy temprano. No por rutina impuesta, sino por una curiosidad casi obstinada que, a los 30 años, lo ha llevado a involucrarse en un territorio que muchos cocineros apenas rozan: el origen real de lo que ponen en el plato. Lleva cerca de 15 años cocinando y una década vinculado a La Estampida, una parrilla trujillana que empezó en 2014 como un proyecto pequeño y hoy puede conversar de igual a igual con gigantes de la industria cárnica internacional.
Durante las mañanas, en uno de los establos con los que trabaja La Estampida, Ricardo camina observando terneras jóvenes. No necesita tocarlas ni medirlas: con la vista proyecta su futuro. Calcula cómo será su engorde, qué tipo de infiltración de grasa podrían desarrollar y si alguna tiene el potencial de convertirse en ternera signature, el nivel más alto de calidad que maneja la casa. Durante nuestra visita a Trujillo, fuimos testigos de esa maestría silenciosa que no se aprende solo en la cocina, sino con el tiempo y en el campo.
Cada corte se prepara al momento, bajo la supervisión del chef Ricardo Castro. (Foto: Antonio Melgarejo/GEC)
/ ANTONIO MELGAREJO
Ricardo es el chef ejecutivo de La Estampida, el restaurante que en 2025 puso al Perú en el mapa internacional al obtener una medalla de oro en el Campeonato Mundial de Carnes, celebrado en Argentina. Pero viajar a Trujillo nos permitió entender que el premio no nació en la parrilla ni en una receta secreta. Detrás del oro hay una apuesta radical: trabajar carne nacional, proveniente de una raza criolla local, lejos de los nombres que dominan el mercado prémium global —wagyu, angus, hereford— y demostrar que, con conocimiento, cuidado y tiempo, el producto peruano puede competir al más alto nivel.
El origen de una idea premiada
La historia del restaurante comienza en 2014, cuando los hermanos Alfonso y Marcos Rebaza deciden abrir una parrilla casi como un experimento. Primero fue la carne importada, luego el choque con los precios y la dificultad de acceso. El camino los llevó a mirar hacia atrás en la cadena: primero a los carniceros, luego a los ganaderos y finalmente al animal mismo.
Los hermanos Alfonso y Marcos Rebaza son los creadores de esta propuesta, que en 2025 ganó una medalla de oro en el Campeonato Mundial de Carnes en Argentina. (Foto: Antonio Melgarejo/GEC)
/ ANTONIO MELGAREJO
“Retrocedimos en la cadena”, cuenta Alfonso Rebaza, cofundador de La Estampida. En ese retroceso encontraron la ternera criolla: un animal joven, mestizo, poco valorado históricamente en la gastronomía peruana. No era un descubrimiento exótico, sino una continuidad de algo que muchos habían visto siempre, pero sin preguntarse qué podía llegar a ser.
Hoy, La Estampida trabaja con cuatro establos aliados —tres en Trujillo y uno en Huacho—, con los que mantiene una relación constante de acompañamiento y mejora. El objetivo no es solo comprar ganado, sino fomentar mejores prácticas de alimentación, bienestar animal y atención al detalle. Los ganaderos visitan el restaurante, prueban su producto, ven el resultado final y entienden que su trabajo tiene un valor directo en la experiencia del comensal.
Donde el tiempo y la técnica hacen su parte
El recorrido continúa en la planta de procesamiento y maduración. Aquí, la carne entra fresca y comienza uno de los procesos más delicados y menos visibles de toda la cadena: la maduración controlada. Cámaras a temperaturas precisas, humedad regulada, ventilación constante y un estricto control sanitario permiten que los cortes desarrollen aroma, sabor y suavidad sin riesgos.
En el local de La Estampida se ofrece una experiencia elegante que se complementa con vinos, coctelería y un ambiente acogedor. (Foto: Antonio Melgarejo/GEC)
/ ANTONIO MELGAREJO
La Estampida trabaja maduraciones que pueden ir desde los 15 hasta los 21 días, dependiendo del animal y del corte que se trate. Algunas piezas pasan por una doble maduración: primero en seco, luego al vacío. Todo se registra, se clasifica y se decide con criterio técnico. No hay improvisación, lo que asegura que cada corte sea especial.
Ricardo también está aquí. Supervisa cámaras, revisa cortes, evalúa qué piezas irán al restaurante y cuáles se pueden distribuir como signature. La cocina empieza mucho antes del fuego: comienza cuando se decide cuánto tiempo más necesita una carne para alcanzar su mejor versión o si tiene la filtración de grasa adecuada.
La Estampida da a conocer la cultura ganadera del norte del Perú. (Foto: Antonio Melgarejo/GEC)
/ ANTONIO MELGAREJO
El final del recorrido
La experiencia culmina en el restaurante La Estampida. La parrilla no es el inicio, sino el cierre lógico de un proceso largo y minucioso. Sentarse a la mesa aquí es probar algo que, hasta hace poco, parecía reservado para países con tradición ganadera centenaria como Argentina.
Ricardo nos prepara una cata comparativa. Cortes nacionales frente a carnes importadas. La diferencia no está solo en la terneza (suavidad), sino en la frescura, en la profundidad del sabor y en la historia que cada bocado presenta. Es el último eslabón —el más sabroso— de una cadena hecha de esfuerzo, aprendizaje y convicción.
La carta da protagonismo a cortes nacionales de carne signature, como el bife ancho. (Foto: Antonio Melgarejo/GEC)
/ ANTONIO MELGAREJO
Al final del día, Ricardo vuelve a la parrilla, pero ya no es solo un chef. Es un cocinero que salió del calor intenso y las comodidades de la cocina para involucrarse en cada paso: el campo, la planta, la maduración y la mesa. En ese gesto está el verdadero mérito de La Estampida y de una medalla que no celebra una moda, sino la posibilidad real de construir una industria cárnica peruana de calidad, desde una raza criolla y desde el trabajo colectivo. //
Además…
¿Dónde adquirir los cortes?
En Trujillo
La Estampida se encuentra en Av. El Golf 13008, Víctor Larco Herrera, La Libertad. Además, afuera del restaurante cuentan con una pequeña carnicería donde se pueden adquirir cortes nacionales: desde pecho o bistec hasta picaña o tomahawk, así como cortes y productos importados.
En Lima
Podemos encontrar la ternera signature a la venta en Mercattino (Miraflores) y en La Carnicería de Tito (San Isidro, Miraflores y Surco), con precios entre S/90 y S/130 por kilo.