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Mientras las fibras de alpaca, vicuña o algodón pima suelen asociarse al diseño y la moda, dos propuestas gastronómicas limeñas han decidido mirarlas desde otro lugar. En distintos puntos de la ciudad —y sin haber desarrollado el concepto en conjunto— Kuna Café by Napoléon y Sastrería Martínez han encontrado en el patrimonio textil peruano el punto de partida para renovar sus cartas. El resultado son postres, cafés y cócteles que buscan traducir el valor de los textiles ancestrales al lenguaje del sabor.
Mientras las fibras de alpaca, vicuña o algodón pima suelen asociarse al diseño y la moda, dos propuestas gastronómicas limeñas han decidido mirarlas desde otro lugar. En distintos puntos de la ciudad —y sin haber desarrollado el concepto en conjunto— Kuna Café by Napoléon y Sastrería Martínez han encontrado en el patrimonio textil peruano el punto de partida para renovar sus cartas. El resultado son postres, cafés y cócteles que buscan traducir el valor de los textiles ancestrales al lenguaje del sabor.
En el caso de Kuna Café by Napoléon (@kuna.cafe), la inspiración nació del encuentro entre dos marcas que comparten una misma filosofía: poner en valor el origen y el trabajo artesanal. No solo se trata de replicar colores o estampados de las colecciones de Kuna, sino que el equipo creativo apostó por interpretar aquello que hay detrás de cada prenda.
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“Más que inspirarnos en las fibras, nos inspiró la filosofía que compartimos con Kuna: partir siempre del origen, respetar la materia prima y transformarla con técnica, sensibilidad y atención al detalle”, explica Luciana Dávalos, directora general de operaciones de Napoléon. Esa visión dio forma a una carta Signature, en la que cafés y postres buscan transmitir emociones a partir de ingredientes de origen, como el ajonjolí negro, los nibs de cacao de Ucayali y el ayrampo, de Cusco.

Para Dávalos, el principal desafío fue evitar que la inspiración quedara en lo estético. “No queríamos crear postres que simplemente reprodujeran colores o formas; queríamos comprender qué representaba cada colección y traducir esa esencia a una experiencia gastronómica”, señala. La intención, añade, es que quienes visiten el espacio descubran cómo la moda y la gastronomía pueden dialogar desde valores compartidos como el respeto por la materia prima y el trabajo artesanal.
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Kuna Café by Napoléon está ubicado junto a la nueva ‘flagship store’ de Kuna, en Av. Jorge Basadre 380, San Isidro, y recibe al público de 7:30 a.m. a 9:30 p.m. En tanto, Sastrería Martínez, puesto 33 de la lista 50 Best Bars, se encuentra en Mariscal La Mar 1263, Miraflores, y abre de martes a sábado.
A TU SALUD
A pocos minutos en auto, en Sastrería Martínez (@sastreriamartinezlima), el punto de partida también es la riqueza textil del Perú, aunque llevada al universo de la coctelería. El bar ya había explorado esta temática en una carta anterior inspirada en los telares del país, pero esta vez decidió ir un paso más allá: imaginar cómo esos textiles vestirían un traje de sastrería y convertir esa narrativa en una experiencia líquida. Cada cóctel se vincula con una prenda, una tradición textil y los ingredientes característicos de la región que representa.
“Así unimos los dos mundos con los que trabajamos: la sastrería y la riqueza textil que tiene el Perú”, explica Diego Macedo, creador del espacio. De esa manera, un cóctel inspirado en la costa norte incorpora insumos como el loche o la chicha de jora, mientras que otras creaciones recurren a ingredientes como el camu camu, el tumbo o el cacao para reflejar distintos territorios y sus culturas.

El proceso, reconoce Macedo, exigió una profunda investigación sobre la historia textil peruana. “El reto mayor es el estudio, que todo el equipo se prepare sobre nuestra riqueza textil”, comenta en diálogo con Somos.
Ese trabajo ha sido bien recibido por el público, que encuentra en la nueva carta una forma distinta de acercarse al patrimonio cultural del país.
Aunque siguen caminos independientes, ambas propuestas coinciden en una idea: la textilería peruana no solo puede admirarse en una prenda o una pasarela. También puede convertirse en una taza de café, un postre o un cóctel capaz de contar, desde otro lenguaje, la historia de las fibras que forman parte de la identidad del Perú. //
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