Durante los últimos meses, dos temores han rondado a las familias peruanas. Aunque el fenómeno de El Niño se presente moderado o débil, muchos hogares viven con la preocupación de perder sus viviendas (por la precariedad en la que viven y las condiciones de sus viviendas) y la angustia del impacto que tendrá en su economía (subida de precios, escasez de alimentos).