
Hilda y sus hermanos menores, Jordy, Gianella y Leonel, tuvieron un año escolar diferente. Complicado. Injusto. Tenían que caminar –si había ánimo, corrían– entre 20 y 30 minutos para llegar al cerro Pikutayuq muqu (casi 4.000 m. s. n. m.), la única zona en la comunidad de Quisinsaya, en el distrito de Ccatcca –a tres horas en auto desde la ciudad de Cusco–, donde hay señal y pueden escuchar sus clases por llamada telefónica. Era lo único que no se entrecortaba tanto. Muchas veces salían de casa sin desayunar para llegar a tiempo (las clases eran de 8 a.m. a 1 p.m.). Al estar a la intemperie, los cuatro hermanos y los otros 36 alumnos –10 en inicial y 30 en primaria– de la I. E. 50537 estaban expuestos al sol, que los cegaba frente a la pantalla; a las lluvias, que los empapaba con celulares y libros en mano; a que algo les pase en el trayecto. Padres y madres dejaban de trabajar para acompañar a sus pequeños y cerciorarse de que estuviesen libres de peligro, situación que constatamos en junio pasado, cuando visitamos la comunidad por primera vez (lea la primera parte de esta historia en este enlace).
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Conocimos también el refugio, a base de paja brava que crece en el cerro, que construyó Justiniano Tito para sus hijos y otros estudiantes. “Esa situación me ponía muy triste. Mis niños a veces no comían porque tenían que irse corriendo para sus clases. No podía trabajar tranquila [por la preocupación]. Cuándo iba a acabar eso”, recuerda Rosalía Qquenaya, esposa de Justiniano y madre de Hilda, Jordy, Gianella y Leonel. En realidad, nos lo dice la traductora de quechua. Rosalía asiente en cada palabra. La esperanza estaba en una antena receptora (que se coloca en la parte alta, donde hay señal) y la antena repetidora (a ubicarse en los colegios) que la ONG World Vision Perú y el municipio de Ccatcca tenían previsto instalar este año. Aunque haya parecido una historia desalentadora, hay un final (o inicio, según como lo vea) esperanzador.
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Hace buen clima en Quisinsaya. Pese al poco oxígeno y a las dos mascarillas, se respira un ambiente festivo: por fin es posible conectarse a Internet. Luego de un año y siete meses, los alumnos tienen clases virtuales como corresponde. La directora y profesora de primaria María Quispe no puede más con la emoción, y no es para menos. “Ustedes han visto lo que mis niños tenían que caminar todos los días. Exponiéndose. Esto [la antena] es una gran ayuda para nosotros”, dice con la voz entrecortada. Ahora cuenta con más herramientas para nivelarlos en escritura y comprensión lectora, áreas que más han mermado la pandemia y la falta de conectividad.
En esta comunidad, los niños van al colegio para conectarse. Algunas familias como la de Justiniano y Rosalía, que viven a unos metros de la I.E., pueden recibir clases virtuales desde casa. “Ahora estamos felices de que nuestros niños puedan conectarse, de que estén con la guía de la profesora para aprender bien”. El pedido actual de los padres y madres es la semipresencialidad. El plan de retorno, explica Gloria Rimay, profesora y directora de la UGEL de la provincia de Quispicanchi –que agrupa 12 distritos, entre ellos Ccatcca– lo presentan los directores. “Indican los horarios, la cantidad de estudiantes, teniendo en cuenta el protocolo de bioseguridad (agua para el lavado de manos, señalización). Lo elevan a los SARES (Sistema de Seguimiento y Alerta para el Retorno Seguro), del Minedu, y luego lo reportan a la UGEL para verificar ese plan”. Este último paso es inmediato. Por el momento, el retorno a las aulas en esta zona está en conversaciones. Mientras, aprovechan la señal que los une.
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EL REGRESO ESPERADO
Sentado en un pupitre de madera, Luis (8) –que viste uniforme azul con camisa blanca y un chullo colorido– está a la espera de su primera clase en un salón acogedor y ventilado. Se había acostumbrado a caminar largas distancias y a protegerse de la lluvia entre los pinos para captar señal con tal de que los profesores “no vengan de Cusco con el coronavirus”. Luego de que su madre, Juliana Sullcapuma, le explicara los protocolos, el temor va disminuyendo. Aún está acostumbrándose a la mascarilla. Todo con tal de poder ver y jugar con sus compañeros.
Él es uno de los 23 estudiantes de primaria de la I. E. 501198, en la comunidad de Alto Serranuyoc (3975 m.s.n.m.), a 20 minutos en auto de Ccatcca, que ha regresado a las aulas –de lunes a miércoles de 8:30 a.m. a 1 p.m.– desde agosto. Aquí la situación era crítica: no llegaba señal de radio, televisión y menos de Internet. Hoy es una de las 10 comunidades beneficiadas con la instalación de antenas por parte de World Vision Perú, el municipio distrital de Ccatcca y el respaldo de la UGEL de Quispicanchi, que identificó junto a los docentes las zonas donde la instalación era bastante urgente. “Fue importante la voluntad política en beneficio de la comunidad”, refiere el alcalde Jesús Yauri.
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Cuando la profesora Rosa María Quispe asumió, en enero pasado, la dirección de la I. E. 501198, los 13 padres de familia le pidieron reunirse presencialmente. “Su preocupación era que los niños estaban abandonados y habían dejado de aprender. Querían que desde el primer día de marzo regresen a presencial. Que la enfermedad [el coronavirus] estaba en la ciudad, pero acá no, que vengamos las profesoras a enseñar y que iban a arreglar todo [con protocolos]. Ese era el clamor de los padres”.
Antes de que hubiera un protocolo para volver a las aulas, las profesoras iban al colegio una vez a la semana. En especial luego de una prueba de diagnóstico educacional, con un resultado bastante preocupante. De los 11 niños de primero a tercer grado, solo cuatro podían deletrear. En cuarto grado, solo un niño lee. En quinto y sexto grado, persisten las dificultades de compresión lectora.
“En presencial, los niños de primero y segundo inician [lectura y escritura] con su lengua materna, el quechua. En el tercer grado hacen su transferencia lingüística al castellano. Eso ya no lo encontramos. Los niños de la zona rural han tenido un retroceso. Acá los papás no son letrados. Las sesiones de Aprendo en casa solo pasan por la radio y nos dicen que [los locutores] hablan muy rápido, que el quechua es diferente del que hablan acá. La educación presencial es lo mejor para recuperar este retroceso”.
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Desde hace dos semanas hay Internet en Alto Serranuyoc y permite que la semipresencialidad sea más efectiva. “Ahora estamos más felices y tranquilos. Nuestros niños no aprendían y ahora van a poder nivelarse”, dice Eminigilio Mina Quispe, padre de Abraham (quinto grado) y Flor (primer grado), y presidente de la Asociación de Padres de Familia. Él se encarga de verificar que los niños cumplan con el protocolo (uso de mascarilla, toma de temperatura y lavado de manos) al inicio y final del día. Organiza también a los padres y madres para la limpieza del colegio. Todo con tal de que los niños continúen asistiendo a clases.
“Para nosotros es una alegría contar con Internet. Ahora la información la tenemos a la mano. Nuestros niños se han vuelto ágiles: manejan el celular, la tablet que les ha entregado el Minedu. A veces hay dificultades, por el clima. Usted ha visto que hay mucho viento, eso corta la señal. Pero ya estamos con ellos. Lo que queremos es que nuestros niños estén al mismo nivel que los niños de ciudad y que aprendan por igual”, nos reafirma la maestra Quispe. En Ccatcca han dado el primer gran paso. //
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LAS OPINIONES
“La conectividad ayuda a tomar mejores decisiones”
Fernando Huamán, docente de la Facultad de Ciencias e Ingeniería de la PUCP
Que las distintas sociedades, comunidades puedan tener este derecho a la conectividad les permite no solo tener acceso a información de toda índole, sino también poder tomar mejores decisiones. Es importante tener un programa de capacitación para que puedan aprovecharlo mejor. Definitivamente es una gran ventaja que tengan esa conexión al mundo globalizado, pero analicemos también los riesgos. La riqueza de nuestro suelo geográfico demanda muchos retos para los especialistas de tecnología: llegar hasta lo más recóndito y que estas instalaciones brinden conectividad continua. Debería ser trabajo del propio Gobierno –sea servicio propio, público o del sector privado– asegurar esto último.
“No hay sustituto para el contacto físico”
León Trahtemberg, educador y líder pedagógico del colegio Áleph
Las motivaciones que tuvieron las familias para que los niños vuelvan a clases pueden ser muy diversas: desde la preocupación por la salud mental, la necesaria socialización y los aprendizajes escolares, así como la falta de acceso a Internet fluido para educación remota, hasta la necesidad de los padres de retornar al trabajo (especialmente las mujeres), que tuvo que limitarse para ocuparse de los niños en casa.
En el caso de los niños menores, no hay sustituto para el contacto físico entre ellos, con los maestros, la exploración colectiva del medio ambiente, el juego, la manipulación de materiales, las experiencias sensoriales, los contactos casuales que enseñan a convivir y cultivan el lenguaje. Nada de eso se logra usando una TV, una radio o inclusive una pantalla como mediadora de los vínculos sensoriales “3D” entre humanos.
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SEPA MÁS
De vuelta al cole. Según la región Cusco, 67 colegios rurales están realizando clases semipresenciales desde el 16 de agosto. Anunciaron que 560 colegios de la región vuelven a las aulas desde octubre próximo.
Buena señal. A través de un convenio entre World Vision Perú y la municipalidad distrital de Ccatcca, se instalaron antenas en las comunidades de Ausaray, Ullpo, Llachi, Andayaje, Ccapana, Quisinsaya, Markjupata, Lloqueta, Illapata y Alto Serranuyoc. El mantenimiento es hasta fin de año. Luego corre por cuenta de cada localidad. Por el momento, se está capacitando a los residentes.
Cómo ayudar. Además de la instalación de antenas, World Vision Perú ha donado más de 100 tablets y ha entregado 3.718 kits educativos. Informes: https://sumate.worldvision.pe/
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