El mes pasado se generó gran ansiedad en el ámbito político y financiero en EE.UU. por las negociaciones en el Parlamento sobre extender el techo de deuda fiscal, lo cual significaría que el gobierno podría incrementar el gasto público por encima de la regla fiscal establecida mediante más deuda. Si la extensión no hubiera sido aprobada, el Gobierno no habría podido hacer frente a sus obligaciones, incluyendo el pago de su propia deuda, con consecuencias catastróficas. Por otro lado, si se aprobaba, significaba extender el problema y aumentar el ya complicado déficit fiscal. Luego de una accidentada votación, que decantó en la expulsión de un importante miembro del partido republicano, se aprobó una extensión más.