Resumen

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La plaza de Huaura es hermosa a pesar de las construcciones que han crecido como hongos de cemento en su contorno. (Foto: Luis Miranda)
La plaza de Huaura es hermosa a pesar de las construcciones que han crecido como hongos de cemento en su contorno. (Foto: Luis Miranda)
Por Luis Miranda

El balcón más célebre de todo el país luce suspendido en medio de una ciudad que ha crecido hostil a su pasado. Su buena madera, cedro de Nicaragua, lo ha salvado del colapso y de los brochazos de pintura protocolar. La casona que lo sostiene y que fuera usada como cuartel por el general don José de San Martín durante los ocho meses que vivió en Huaura, presenta serios deterioros a pesar de las placas conmemorativas que intentan prestigiar su mera fachada. Aquí el 27 de noviembre de 1820 el llamado Santo de la Espada dio la primera proclamación de libertad ante una multitud que el historiador Luis Hoces imagina exaltada, con tiros al aire y las danzas paroxísticas de los esclavos afroperuanos que integraban un par de batallones completos del ejército libertador.

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