Anthony Burgess: 100 años del autor de "La naranja mecánica"
Anthony Burgess: 100 años del autor de "La naranja mecánica"
Juan Carlos Fangacio

Cuando se menciona “La naranja mecánica”, el común mortal piensa en la notable película de Stanley Kubrick o en la también notable selección de fútbol de Cruyff y compañía. Pero antes que ambas está el más famoso libro de , el germen que prestó su nombre para perder, sin quererlo, su propia identidad.

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Extraño personaje Burgess –nacido un día como hoy, hace exactamente un siglo–, pues es con esa novela de culto que permanece en el imaginario popular, pese a que él mismo reconoció alguna vez que le debía esa fama a la adaptación fílmica que no aprobaba. “Fue una inspiración que terminé en tres semanas y que se convirtió en la materia prima de un filme que parece glorificar el sexo y la violencia”, dijo en cierta ocasión.

Pero “La naranja mecánica” nació en realidad de una experiencia traumática de Burgess: la ocasión en que su esposa embarazada fue asaltada y violada en su propia casa por un grupo de desertores del ejército estadounidense en Inglaterra. En realidad, de ese y varios otros episodios de una vida a la que calificar de atormentada quedaría corto.

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SER INDEFINIDO

Huérfano de madre cuando tenía 1 año, impopular en el colegio, odiado en el servicio militar. Burgess se las ingenió siempre (porque parecía adrede) para no encajar en ningún lugar donde caía. Muchas de sus obras recogen sus tensos vínculos con el poder, en especial el más autoritario. Por eso sus escritos llevan un cuestionamiento implícito de las fronteras de la moralidad.

Aun así, siempre fue reacio a circunscribirse a una postura política clara: a veces se presentaba como un conservador católico (lo fueron, fervorosos, sus padres en su natal Manchester); o un autodenominado anarquista; o un simpatizante de cierto socialismo que ni siquiera él entendía bien. La contradicción era su patria; y la mitomanía –comprobada, ampliamente conocida–, su bandera.

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LENGUAJE MUSICAL

Dominador extraordinario de las lenguas –hablaba diez idiomas, entre ellos alemán, japonés, chino, hebreo y sueco–, llegó a crear una totalmente ficticia, mezcla de inglés y ruso, a la que llamó nadsat, para usarla en “La naranja mecánica”. Pero lo más importante de sus creaciones literarias era su componente satírico, pues el humor sí fue un rasgo que recorrió casi toda su obra compuesta por comedias corrosivas, incorrectas y controversiales.

A pesar de eso, siempre se consideró más músico que escritor. Sobre todo desde su primer contacto infantil con Debussy, que lo llevó a “un estado psicodélico, a realidades espirituales y verbalmente inexpresables”, según él mismo confesó. Compuso más de 250 piezas, muy pocas de ellas realmente difundidas (la bella “Sinfoni melayu” es tal vez la más accesible y ubicable), y trasladó buena parte de su fascinación musical a sus libros (la presencia reiterada de la “Novena sinfonía” de Beethoven en “La naranja mecánica” no es cosa de la película, sino un motivo muy fuerte en la novela).

Por eso no hay uno, sino muchos Burgess: el adolescente traumatizado, el músico en trance, el escritor políglota, el mentiroso compulsivo. Valdría la pena volver con más frecuencia a él.

BIBLIOTECA ESCOGIDA

“La naranja mecánica˝
Parábola sobre la violencia y el aparato correccional que termina por pervertir más la naturaleza desatada del hombre.

“Sinfonía napoleónica˝
Unidos por la trama y la estructura musical, las figuras de Napoleón y Beethoven se enlazan en explosivo combo.

“Poderes terrenales˝
A partir del vínculo entre un cura y un escritor homosexual, Burgess hace un recorrido titánico por gran parte del siglo XX.

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