Resumen

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Juan Guaidó, el líder de la oposición venezolana y presidente interino reconocido por más de 50 países, planteó un boicot electoral en las recientes elecciones legislativas. Solo le quedarían unas semanas en el cargo. (AP Photo/Matias Delacroix)
Juan Guaidó, el líder de la oposición venezolana y presidente interino reconocido por más de 50 países, planteó un boicot electoral en las recientes elecciones legislativas. Solo le quedarían unas semanas en el cargo. (AP Photo/Matias Delacroix)
/ Matias Delacroix
Por Farid Kahhat

En su artículo “Amenaza pero participa: por qué el boicot electoral es una mala idea”, Matthew Frankel investiga 171 casos entre 1990 y el 2009 en los cuales la oposición amenazó al Gobierno con un boicot electoral o lo llevó a cabo. El artículo concluye que la amenaza de boicot suele obtener concesiones del Gobierno, en particular cuando se trata de elecciones que concitan un elevado interés internacional. El boicot electoral, en cambio, rara vez consigue sus objetivos y suele tener efectos contraproducentes: el gobierno que lo padeció perdura en el tiempo mientras que las fuerzas opositoras que lo convocaron terminan siendo apartadas de la mayoría de cargos públicos. Otras investigaciones sobre el tema tienden a coincidir con esa conclusión.