Hoy, mientras la tecnología y la inteligencia artificial generativa avanzan a pasos agigantados, muchos educadores se preguntan cuál será el rol de la escuela y del maestro. Hoy se puede aprender casi todo utilizando plataformas interactivas; viendo videos tutoriales; leyendo resúmenes y analizando cuadros estadísticos preparados por la inteligencia artificial.
Ante esta avalancha se abre una cuestión clave: ¿qué es lo esencialmente humano que un profesor ofrece a sus alumnos y lo hace insustituible?¿Cuáles son los aportes de la escuela en esta era de la inteligencia artificial?
Más allá de enseñar en las escuelas a discernir lo bueno de lo malo, lo beneficioso de lo perjudicial, lo verdadero de lo falso que la transformación digital nos presenta en nuestro quehacer diario; se vislumbra el gran reto de enseñarles a ser señores de uno mismo, y no esclavos del capricho; a hacer lo que se tiene que hacer aunque no provoque; a descubrir que el esfuerzo por hacer el bien tiene un impacto positivo en los demás y en el que lo realiza.
Además, el entretenimiento audiovisual interactivo que se tiene al alcance de la mano lleva a ejercitar una gran dosis de fortaleza para dejar las distracciones cuando el deber llama, o cuando nos solicitan una ayuda en casa.
La discusión ya no pasa por decidir entre tecnología o no tecnología, o entre pantallas o papel. La tecnología está en todo lugar y la usamos a diario: para saber qué ruta seguir, para comprar, para planificar nuestro tiempo, para recordar fechas importantes, para resumir un texto extenso, para comparar documentos, para redactar informes. No cabe cerrar los ojos ante estos avances o rechazarlos por el mal uso que algunos hacen de ella.
Es el momento de poner el foco en la formación del carácter. Esta formación permitirá a los jóvenes reconocer esta nueva arena, donde se pelean pequeñas o grandes luchas del desarrollo personal. Para esto el profesor y las familias tienen un rol capital.
Cuando hablamos de la formación del carácter nos referimos a ese componente vital de nuestra personalidad que se va desarrollando con nuestra colaboración activa conforme vamos madurando. El reto en la formación del carácter en la etapa escolar consiste fundamentalmente en enseñarles que el ejercitarse en adquirir las virtudes es como ir al gimnasio: al comienzo duelen los músculos, y se tiene poca resistencia, pero la constancia los hace crecer haciéndolos capaces de más. Ya los griegos reconocían la vida buena como la vida virtuosa. La de aquel que se esfuerza por desarrollar ese músculo ejercitando esas cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.
En estos días la necesidad de desarrollar la fortaleza y la templanza desde el hogar y la escuela se torna urgente. En la primera infancia no se recomienda que se usen las pantallas, pero vemos que es lo que usualmente se hace para apaciguar a los niños. Hace algunos años los escolares no llevaban celular al colegio, ahora es todo lo contrario. Es aquí donde se torna más necesario el autocontrol. El celular es un portal que les abre al mundo, dependerá de la orientación y de la fuerza de su carácter el que lo usen con medida, en el momento adecuado, con los contenidos acordes a la edad, y evitando lo que pueda hacerles daño.
Contamos con una herramienta que puede usarse para estudiar, organizar proyectos, entretenerse, comunicarse con los demás, comprar, vender; y ahora con la inteligencia artificial generativa se puede convertir en asesor, consejero y asistente.
Como nunca antes los jóvenes tienen el reto de usar con responsabilidad los medios que tienen al alcance de un click y hacer el esfuerzo por adquirir las virtudes y habilidades interpersonales que se desarrollan en el trato con las personas. Estos dispositivos nos permiten comunicarnos con personas que están lejos, pero sino los usamos sabiamente, corremos el riesgo de alejarnos de quienes tenemos al lado.
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