El Perú vive una paradoja que todos sentimos: mientras nuestras exportaciones crecen y los precios internacionales nos favorecen, las familias peruanas viven con miedo. Miedo a la extorsión, a la violencia, a que el Estado que debe protegerlas esté siendo corroído por el crimen organizado. No es paranoia: es la realidad que las cifras confirman y que millones de peruanos experimentan cada día.
Las redes criminales destruyen comunidades enteras, nuestros jóvenes más talentosos emigran buscando países donde el Estado funciona y la vida no está en riesgo. Esta situación nos devuelve a una época que creíamos superada.
Desde hace 29 años, el Aula Magna de la PUCP convoca a la academia, el sector privado, el Estado y la sociedad civil para debatir los grandes desafíos nacionales. Este año, elegimos abordar el tema que muchos prefieren eludir: el desafío al Estado por las economías ilegales y su impacto en la viabilidad democrática del país.
No es casualidad. Es compromiso. Es responsabilidad. Y a veces, es también una voz solitaria pero necesaria.
En un país fracturado por la polarización, donde el diálogo se ha convertido en trinchera de agravios, apostamos por representar un espacio donde voces de distintas procedencias ideológicas conversan con rigor y respeto. Porque el crimen organizado no respeta colores políticos, y las economías ilegales destruyen por igual a comunidades de izquierda y de derecha. La PUCP reafirma que la democracia solo sobrevive si somos capaces de escucharnos, especialmente cuando no coincidimos.
La decisión de dedicar nuestro evento académico más importante a este tema es una declaración de principios: hay problemas que no podemos seguir evadiendo. La universidad no puede ser espectadora neutral. El silencio académico, en contextos de crisis institucional, no es neutralidad: es complicidad.
Durante tres días, académicos de prestigio internacional, líderes empresariales, funcionarios y representantes de diversos partidos políticos analizarán esta amenaza y presentarán propuestas concretas. No hay tiempo para estudios que se archivan. El objetivo es claro: exigir compromisos verificables a quienes aspiran a gobernar, y que los ciudadanos tengamos herramientas para evaluar quién tiene propuestas serias y quién solo ofrece promesas vacías.
A pocos meses de las elecciones, necesitamos respuestas claras: ¿Cómo desarticular las redes criminales sin generar más violencia ni cancelar derechos? ¿Qué alternativas económicas se ofrecerán a comunidades que dependen de economías ilegales? ¿Cómo fortalecer instituciones frágiles? ¿Qué reformas cerrarán vacíos que permiten el lavado de activos?
Estas no son preguntas retóricas. Son los desafíos concretos de hoy. Si los candidatos no tienen respuestas técnicamente viables y políticamente sostenibles, no deberían merecer nuestro voto.
El Perú tiene todavía la oportunidad de aprovechar condiciones externas favorables. Pero esa ventana se está cerrando. Las elecciones de 2026 no pueden ser una más en la lista de oportunidades perdidas. Ya no podemos elegir líderes que evaden preguntas difíciles o que apuestan a nuestra desesperanza con promesas que no cumplirán.
Necesitamos líderes que entiendan la dimensión real de la amenaza, con capacidad técnica para diseñar estrategias efectivas y voluntad política para implementarlas. Que comprendan que gobernar en el 2026 no será solo administrar la crisis, sino reconstruir, reparar y fortalecer las estructuras que impidan la captura criminal del Estado.
La pregunta que el Aula Magna plantea es incómoda pero inevitable: ¿Estaremos a la altura del momento histórico que vivimos? ¿Entenderemos que lo que está en juego es si tendremos un país donde valga la pena quedarse?
Esta es la conversación que debemos tener. Proponemos Aula Magna como punto de partida, como un acto de responsabilidad democrática cuando el Perú más lo necesita. La PUCP invita a toda la ciudadanía a ser parte: presencialmente, virtualmente, o mediante el seguimiento de las propuestas que emerjan.
La reconstrucción del Estado no es tarea solo de quienes gobiernan, sino de todos los que aspiramos a seguir viviendo en nuestro país con dignidad y esperanza. El futuro del Perú se decide también en espacios como este: donde el conocimiento ilumina, donde el diálogo construye y donde el compromiso se traduce en acción.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.