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El presidente que fue poeta
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El presidente que fue poeta

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Conocí a tres destacados políticos uruguayos. José Mujica, recientemente fallecido; Tabaré Vázquez, también expresidente; y Héctor Gross Spiel, cuando se desempeñaba como ministro de Relaciones Exteriores en 1992. De los tres, entrevisté a Mujica y a Gross. Con Vázquez tuve una amena conversación en París en el 2005, luego de que él diera una conferencia en el Instituto de Estudios Políticos de la Ciudad Luz.

La entrevista a José Mujica fue publicada en El Comercio el 28 de enero del 2011. En ella también participó Juan Aurelio Arévalo Miró Quesada, el actual director, cuando era editor de la sección Mundo.

No fue una entrevista solo de política, sino de otros aspectos que sacan a la luz la personalidad del entrevistado. Diría una entrevista laxa y distendida.

Nos encontramos con una persona sencilla, sin ningún signo de vanidad o soberbia. Nos dijo: “Soy desacartonado, archivé la corbata, fui el primer presidente que entró al Parlamento en jean”. Esas palabras trajeron a mi memoria lo que decía mi abuelo Óscar, más conocido como Racso: “La elegancia es enemiga de la comodidad”.

Como se sabe, Mujica fue guerrillero urbano en una época en la que América Latina era un polvorín de guerrillas y de dictaduras de derecha sangrientas en el cono sur de nuestro continente. Formó parte de los Tupamaros. Pero ellos fueron una guerrilla distinta a las tradicionales, como explica Carlos Granés en su libro “Delirio americano”.

Mujica nos dijo que la vida es poesía y que esta camina por todas partes, porque estamos rodeados de maravillas; hay que tener ojos para verlas. Cuando le comentamos que habíamos leído que él gobernaba desde su casa, nos respondió que era cierto: “Soy un campesino, me gusta la tierra, mis plantas”. “Estamos rodeados de maravillas, hay que tener ojos para verlas”, añadió.

Fue un socialista democrático, como Salvador Allende y Mikhail Gorbachov. Comparó el socialismo con una fruta madura del desarrollo, del conocimiento y de riqueza como tal vez no hemos visto, todavía, en la tierra, y que por eso el socialismo “no es para bestias e ignorantes por más sentido de justicia que se tenga”.

Precisamente, el intento de construir un socialismo en democracia ha sido un ideal reprimido por autoritarismos de derecha y de izquierda. Explicó Mujica que estaba en una etapa en la que tenía “que luchar por los bienes materiales de mi país, de la cultura y el conocimiento, otro tiempo vendrá para aquellos que no quieren trabajar dentro del capitalismo”, porque, agregó, “no es posible plantearse una sociedad que funcione con sentido socialista en medio de la ignorancia y la miseria”.

Así veía el mundo el presidente que fue poeta.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Jaime Graña Belmont es gerente general de la Asociación Automotriz del Perú

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