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Todos embarrados, pero unos más que otros, por Fernando Rospigliosi

"Todos los involucrados solo buscan salir airosos de las investigaciones judiciales".

Fernando Rospigliosi Analista político

Susana Villarán - PPK

"Si PPK estuviera retirado en su granja de Wisconsin, con su pasaporte estadounidense vigente, nadie se ocuparía de él" (Foto: Congreso).

Con las revelaciones de esta semana, el panorama está prácticamente completo: políticos de todos los colores están inmersos en la trama de la corrupción de Lava Jato.

Con la confesión de Valdemir Garreta, el publicista brasileño que afirma que Odebrecht y OAS le pagaron tres millones de dólares para ocuparse de la campaña del NO a la revocación de Susana Villarán en el 2013, se cierra el círculo. Garreta, quien también asesoró a Ollanta Humala en el 2011, trabajó en ambas ocasiones con Luis Favre.

Villarán ha negado haber recibido dinero directamente y rechaza haberse beneficiado personalmente con los aportes brasileños. Puede ser. Pero el asunto es que las empresas aportantes no desembolsaron millones de dólares de manera clandestina por un afán filantrópico, sino para obtener beneficios de la Municipalidad de Lima que ella dirigía y con la cual tenían contratos. Su situación, por tanto, es muy complicada.

Peor todavía si un ex funcionario de Villarán, Gabriel Prado, tiene una cuenta en Andorra –lugar donde varios peruanos, ex funcionarios del gobierno de Alan García habrían recibido coimas millonarias de Odebrecht–, abierta a instancia de esa empresa. La explicación de Prado es realmente maravillosa: él se reunió con un desconocido de una empresa ignota, firmó un papel en blanco y entregó copia de sus documentos, todo lo cual fue usado para que le abrieran una cuenta en ese paraíso fiscal sin que él lo supiera.

En realidad, a nadie parece importarle ahora que crean o no sus absurdas mentiras. Todos los involucrados solo buscan salir airosos de las investigaciones judiciales.

Pero la más importante de todas las revelaciones ha sido una que no ha tenido el impacto que merecía en los medios de comunicación. La declaración de Marcelo Odebrecht el 9 de noviembre involucró directamente al presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) en la trama de corrupción con dos informaciones. Una, que probablemente aportó a su campaña el 2011, y dos, lo más grave, que contrataron a PPK como consultor luego de que dejó el gobierno de Alejandro Toledo pagándole a través de la Caja 2, es decir, de las cuentas clandestinas usadas para los sobornos.

Si es cierta, esa revelación es absolutamente demoledora. Como ministro de Economía primero y luego como presidente del Consejo de Ministros entre el 2005 y el 2006 PPK participó directamente en la ahora discutida adjudicación de la carretera Interoceánica Sur a varias empresas brasileñas, derribando barreras e impedimentos legales con un apresuramiento hoy cuestionado.

Hasta ahí, cualquiera de los participantes puede decir que actuó de buena fe o presionado por el presidente Alejandro Toledo, que tenía veinte millones de razones para promover ese proyecto. Pero haber recibido pagos de la empresa sospechosamente favorecida inmediatamente después de haber participado en el acto de beneficiarla, es algo muy parecido a recibir una “propina”, para usar el término de los brasileños.

Obviamente PPK, quien ha pasado su vida en el mundo de las finanzas internacionales, es más experimentado que Toledo en este terreno. De seguro no giró un recibo de honorarios profesionales. Si los pagos se hicieron de la Caja 2, como dice Odebrecht, probablemente fue de una ‘offshore’ a otra, quizás a una de las varias sociedades que tiene con Gerardo Sepúlveda. El semanario “Caretas” señala que First Capital Partners, de este último, se encargó de la asesoría financiera de la Interoceánica Sur y otras obras de Odebrecht (23/11/2017). Son asesorías millonarias. Demasiada coincidencia.

El punto es Fernando Migliaccio, el que manejaba la Caja 2, que ha cantado en varios idiomas. Si hay fiscales y periodistas que investigan adecuadamente, tarde o temprano se comprobará la confesión de Odebrecht respecto a PPK. Y si es cierta, su suerte está echada.

Porque a diferencia de Keiko Fujimori, que probablemente recibió dinero de Odebrecht para su campaña del 2011 pero que nunca ha gobernado y no ha tenido ocasión de retribuir las donaciones, PPK es el presidente en ejercicio, con una baja popularidad y asediado por una oposición beligerante. Y en verdad, si aceptó dinero de Odebrecht después de favorecerla, su culpa no tiene atenuantes.

Si PPK estuviera retirado en su granja de Wisconsin, con su pasaporte estadounidense vigente, nadie se ocuparía de él. Pero es el presidente.

Parafraseando a George Orwell, se puede decir que todos los políticos están embarrados, pero unos están más embarrados que otros.

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