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La vuelta por España
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Tomé unas vacaciones y decidí darme una vuelta por algunos lugares emblemáticos de España, acompañado por mi esposa, mi nieta que estudia en la hermosa e histórica ciudad de Segovia y su enamorado David. Esta vuelta fue especial porque me pasearon por la Costa Brava en Cataluña, la frontera de Francia próxima a la comunidad catalana. Luego me condujeron a Zaragoza, Valladolid, Segovia, alguna que otra parada en Madrid para disfrutar de mis amigos y amigas peruanos y españoles, y recalar después en Málaga, la Costa del Sol, llegando hasta Gibraltar.
En este viaje no manejé casi nunca, me llevaron, me pasearon. Para mí fue un placer el sentir, como dicen los italianos, el “dolce far niente”, porque por lo general cuando viajo al extranjero, sea a algún país de Europa o América, es por una que otra actividad académica.
En este viaje pude ver la España profunda, con sus pequeñas ciudades que me hicieron recordar los pueblos de nuestras bellas comunidades andinas. Pueblos sostenidos en el tiempo medieval, como por ejemplo Pedraza en Segovia, y otros un poco más modernos, como Frigiliana de Málaga, e incluso lugares más antiguos, como sucedió el año pasado que estuve en Asturias: la bella Covadonga, de alto significado para España, por dos motivos.
Fue allí donde se inició lo que algunos historiadores sostienen como el principio de la reconquista, cuyos símbolos más emblemáticos son el rey Pelayo y la Virgen de Covadonga.
Pero el hecho de no hacer nada me permitió enterarme de muchas cosas, mientras de cuando en cuando leía el último libro de Francisco Sagasti titulado “Incertidumbre” y me informaba por la red, la televisión y los periódicos de lo bueno y de lo malo, aunque, a decir verdad, más de lo malo, como la feroz masacre en Gaza (que es un genocidio), los constantes bombardeos a Kiev (otro genocidio), el asesinato del supremacista Charlie Kirk, la hilarante conversación sobre sus deseos de inmortalidad entre los tiranos Putin y Xi Jinping, etc.
A pesar de todo y de la indignación que producen algunos hechos destructivos de la humanidad, pude comparar a España con el Perú. En muchas cosas nos parecemos y en otras nos diferenciamos. Solo un ejemplo: los españoles son pluriétnicos, plurilinguísticos y pluriculturales como nosotros, pero su Estado e instituciones políticas son más sólidas. Tanto hay del Perú en España, que en Madrid están la plaza Perú, la plaza Lima, la plaza Callao y calles con nombres de personajes peruanos como Víctor Andrés Belaunde. Aquí, la plaza España, Paseo Colón y una serie de calles con nombres de intelectuales, algunos reyes y ciudades españolas. Pero lo más maravilloso es que nos une un rico idioma, con sus modismos y acentos, desde los Estados Unidos hasta la Patagonia, y desde los nueve mil y pico kilómetros que hay de Lima a Madrid. O, si usted quiere, al revés.

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