
La inclusión de la denominación ‘Golfo de América’ en lugar de ‘Golfo de México’ en la aplicación Google Maps, la difusión de bulos en X por su propietario Elon Musk, o los últimos movimientos de Mark Zuckerberg en Instagram sobre la verificación de la veracidad de sus contenidos, ahora en manos de los grupos de usuarios, nos muestran que Internet ya no es lo que fue. Un espacio libre. Libérrimo.
Tal cual, esa Internet de comienzos de los 70 estuvo inspirada en una filosofía absolutamente libertaria, opuesta a cualquier tipo de sesgo o control. Gobernada básicamente por un espíritu amplio y democrático que ya es cosa del pasado.
Porque hoy ya no son solo los gobiernos autoritarios los que censuran la Internet y sus productos, sino, sobre todo, sus dueños.
Por eso, además de la guerra fría entre China y Estados Unidos, ahora se perfila una nueva guerra en el mundo de la tecnología y la libertad de expresión: Europa versus Estados Unidos de América. O, mejor aún, Europa contra el gobierno de Donald Trump.
Pruebas al canto. Ayer, en el Parlamento español, el representante Gabriel Rufián proponía que Europa asuma la creación de una red social alternativa “que le haga frente a la de los magnates”. Y antes, en el Foro Económico de Davos, el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, planteaba terminar con el anonimato de los usuarios en las redes sociales, abrir los algoritmos de las redes sociales, y otras medidas que impulsará desde el Consejo Europeo en Bruselas.
¿Se creará una nueva red social con la suficiente tracción como para competir con las de las Big Tech? ¿Podrá Europa hacerle frente a lo que desde allá ha empezado a denominarse ‘tecnocasta’? ¿Podrán lograrlo las redes alternativas que ya se están forjando, como Bluesky y la que trata de acoger el movimiento ‘free our feeds’? No es tan fácil y no lo sabemos, a ciencia cierta.
Lo cierto es que en un país como el Perú en el que, según un estudio del 2024 de la ONG Cedro, su población de entre 18 y 28 años dispone de, al menos, 4,3 horas diarias para el consumo de contenidos creados en redes sociales, y en el que el 70,5% considera a Google y los contenidos vía ‘streaming’ como la fuente de información más confiable, es urgente impulsar medidas de consumo más crítico.
No en vano esa población será el caudal electoral clave en las elecciones del 2026, considerando que muchos de ellos se estrenarán por primera vez en las artes del sufragio electoral. De ahí que, más allá de las guerras frías tecnológicas, debemos empezar a ver con ojos más críticos lo que se pone en las redes sociales, porque, definitivamente, la Internet de este tiempo ya no es ni tan democrática ni tan libre ni tan abierta como lo fue antes.

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