Ahora la Costa Verde tiene una extensión aproximada de 20 kilómetros. Es una hermosa bahía que se extiende desde el emblemático club Regatas hasta La Punta. A lo largo de los años, en ella se fue construyendo una avenida-autopista que recorre nueve distritos. Con los edificios que surgen como si fuera una cordillera, se ofrece a la costa limeña un sentido de progreso y modernidad. Es allí donde miles de peruanos, limeños y extranjeros van a veranear, sobre todo a la emblemática Agua Dulce, más antigua que la Costa Verde. También van los jóvenes y no tan jóvenes a deslizarse en sus tablas hawaianas. Como se sabe, están los reconocidos clubs Waikiki, Pacífico Sur, Makaha y Terrazas. Además, mirar el crepúsculo de esta hermosa bahía me produce un profundo placer estético y paisajístico.
Fue en esta Costa Verde que, en 1972, Raúl Modenesi fundó un excelente restaurante con el mismo nombre. Un restaurante cuyo extenso y sabroso bufet, sobre todo los domingos, fue considerado el mejor del Pacífico. Un adelanto de lo que hoy es la internacionalmente conocida comida peruana. También hay parques, espacios para hacer deporte y hasta se ha instalado un grifo. Por otra parte, se fundaron nuevos restaurantes, siendo La Rosa Náutica el más antiguo. Y en Chorrillos hay una marina.
Pero no todo es color de rosas, como recuerda el arquitecto urbanista Aldo Facho en un interesante artículo publicado en El Comercio, en el que afirma que la Costa Verde de Lima y Callao no ha estado exenta de polémicas y que hay diversas denuncias. Este artículo, propositivo, con justicia reconoce que la Costa Verde es producto de la visión urbanística del arquitecto Ernesto Aramburú Menchaca.
En efecto, es verdad. En los años sesenta, cuando era adolescente, escuchaba varias veces decir a Ernesto Aramburú que Lima no debería darle la espalda al mar. Él nos hizo ver lo que muchos limeños no veíamos teniéndolo al frente nuestro. Y si bien hay un parque con su nombre en la misma Costa Verde, este reconocimiento es insuficiente porque no solo imaginó el lugar, sino que cuando fue alcalde de Miraflores lo empezó gestar. Y así, porque es justo, como sucede con la Marginal de la Selva que lleva el nombre de Fernando Belaunde Terry, la Vía Expresa denominada Luis Bedoya Reyes y el circuito de playas Chachi Dibós, la Costa Verde en toda su extensión debería tener el nombre de su fundador.
Ojalá que alcaldes, regidores y vecinos de todos los distritos donde está la Costa Verde, así como la Municipalidad de Lima, acepten esta propuesta, que no es solo mía, sino de un buen número de limeños y peruanos, tal como se puede ver a través de las redes.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.