En los últimos meses hemos sido testigos de inauguraciones y anuncios de obras viales y de transporte por parte de la Municipalidad Metropolitana de Lima. Si bien planificar y ejecutar proyectos es una de las principales prerrogativas de la comuna, las críticas se han centrado en la ausencia de estudios y expedientes técnicos que sustenten la idoneidad de las soluciones adoptadas y garanticen la seguridad de los usuarios y transeúntes.
Empecemos por el proyecto del ferrocarril Lima-Chosica. Varias de las advertencias de funcionarios y expertos se han confirmado: las locomotoras y vagones permanecen estacionados en la antigua estación de Monserrate y en el Parque de la Muralla, esperando las gestiones y las obras necesarias para su puesta en operación. Esto podría tomar más de dos años, considerando la construcción de la segunda vía y las intervenciones viales complementarias indispensables para garantizar la seguridad de los pasajeros y peatones.
Sobre la Vía Expresa Sur, hasta la fecha se han realizado tres inauguraciones de una obra inconclusa, que no cuenta con un expediente técnico aprobado que asegure la idoneidad de su planteamiento y diseño. No está claro cómo se resolverán los cruces con las diversas avenidas, ni cómo se garantizará la seguridad de quienes la utilicen. Además, el proyecto original contemplaba la incorporación del servicio del Metropolitano, pero en las últimas imágenes de la obra este ha sido reemplazado por áreas verdes, debilitando su función como vía expresa integrada al transporte público masivo. Qué lejos estamos del legado que nos dejaron Fernando Belaunde, promotor de la modernización de Lima, y Luis Bedoya en la vía expresa que hoy lleva su nombre.
El riesgo de habilitar vías sin un diseño adecuado ni dispositivos de seguridad es evidente: se expone a la población a accidentes graves, como viene ocurriendo en la vía Pasamayito. Esta fue inaugurada en el 2022, y a la fecha acumula más de una veintena de accidentes –algunos de ellos mortales– atribuidos a deficiencias en señalización y seguridad vial.
A ello se suman los anuncios de la construcción de pasos a desnivel en la avenida Javier Prado, en los distritos de San Isidro y La Molina. Su ejecución no solo afectará el paisaje urbano y agravará la congestión, sino que también dificultará mejores soluciones y condicionará la futura construcción de la línea 4 del metro. Esto ya lo hemos visto con el ‘by-pass’ del óvalo Monitor Huáscar, donde los efectos negativos son evidentes: I) se complejiza la circulación del transporte público porque se prioriza al particular; II) la congestión se traslada al inicio y final del paso a desnivel, con lo cual no hay una reducción real de tiempo de viaje (por eso se está planteando un nuevo ‘by-pass’ a continuación); III) la capacidad de las vías elevadas es limitada, y el incremento en la demanda de viajes pronto las satura.
En el caso del proyecto de soterramiento de la avenida Abancay, en pleno Centro Histórico, pareciera que la complejidad urbanística no ha sido evaluada de forma integral. Con un túnel de hasta 50 metros de profundidad, las rampas tendrían cerca de 500 metros de longitud, debiendo pasar por debajo de la vía expresa Grau, el río Rímac y la Línea Amarilla. Todo esto en plena zona monumental y comercial. Pero más allá de la dificultad técnica, cabe preguntarnos si esta es la mejor solución. El Plan de Desarrollo Metropolitano de Lima al 2040 propone una salida más eficiente: conectar las avenidas Grau con Próceres de la Independencia, siguiendo la misma lógica que la línea 1 del metro. Sería importante evaluarla.
Como vemos, las obras que se vienen ejecutando y promoviendo desde la Municipalidad de Lima no solo son preocupantes por su falta de solidez técnica, sino también porque ponen en riesgo la vida de los ciudadanos y la sostenibilidad económica y financiera de la comuna. Hipotecar el futuro de la ciudad por cálculos políticos y electorales es una imprudencia que los limeños no podemos permitir.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.