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Resumen
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
Ilustración: Composición GEC
Remangarse la camisa y colocarse una capucha son actos que buscan exactamente lo contrario. Particularmente, si quien los ejecuta es un personaje público. Digamos, un presidente. Al recogerse la camisa hasta los codos cada vez que aparecía ante cámaras, nuestro actual gobernante no solo estaba enviando un mensaje de compromiso con el trabajo. También sugería que todo lo que hiciera mientras ostentase el poder estaría tan a la vista como sus antebrazos, sus manos y sus anillos. Lo que hemos conocido hace unos días acerca de su excursión nocturna del 26 de diciembre, sin embargo, no se condice con ese afán.
Remangarse la camisa y colocarse una capucha son actos que buscan exactamente lo contrario. Particularmente, si quien los ejecuta es un personaje público. Digamos, un presidente. Al recogerse la camisa hasta los codos cada vez que aparecía ante cámaras, nuestro actual gobernante no solo estaba enviando un mensaje de compromiso con el trabajo. También sugería que todo lo que hiciera mientras ostentase el poder estaría tan a la vista como sus antebrazos, sus manos y sus anillos. Lo que hemos conocido hace unos días acerca de su excursión nocturna del 26 de diciembre, sin embargo, no se condice con ese afán.
Ilustración: Composición GEC
Esa noche, pasadas las 10 p.m., el mandatario salió de Palacio a cumplir con una actividad no consignada en la agenda presidencial y con una caperuza que, además de cubrirle la testa, le prestaba sombras a su rostro. Salió, ahora lo sabemos, para encontrarse con el empresario chino Zhihua Yang en cierto chifa sanborjino, y todo apunta a que se trató de una cita que Jerí quería mantener en secreto: el lugar, la hora, la ausencia de registro oficial al respecto y, sobre todo, la capucha. Los otros datos podrían ser atribuidos al azar o el descuido, pero ese no. Al embozarse de ese modo, el jefe del Estado estaba manifestando una ineludible voluntad de no ser reconocido. Si alguien lo veía compartiendo con el forastero unos tallarines saltados, debía llegar a la conclusión de que estaba simplemente ante dos extraños en la noche, paisanos tal vez. ¿Qué podría haber movido al presidente a querer ocultar la cita del ojo público? Pues, la identidad de su interlocutor, la materia tratada o una singular combinación de ambas cosas. La prensa, no obstante, se encargó de divulgar el domingo imágenes de la furtiva aventura y con ello obligó al gobernante a balbucear explicaciones torpes ante la ciudadanía.
—Langoy de coartadas—
Para justificar lo ocurrido, en efecto, Jerí ha ofrecido a lo largo de esta semana una especie de langoy de coartadas, a cuál más inverosímil que la otra. Empezó diciendo, a través de los canales regulares de Palacio, que la reunión tuvo por objeto tratar sobre el Día de la Amistad Perú–China y que el encubrimiento del rostro fue “para evitar que le pidan muchas fotos”. Rápidamente, sin embargo, se hizo notar en los medios que es a la cancillería y no al presidente a quien le correspondería abordar un tema así y no con un empresario, sino con un representante del gobierno chino. Se señaló asimismo lo improbable que resultaba que, a esas horas de la noche y mientras viajaba dentro del “cofre” presidencial, la gente tuviera mucha ocasión de pedirle ‘selfies’. El mandatario ensayó entonces un retoque argumental. Se olvidó de la celebración antes mencionada y recordó más bien su “dinámica de interactuar en la calle” (¿no era que esa noche quería evitar fotos con los viandantes?) y su vocación por ser un presidente “que come en el chifa”. Para marcar un contraste con Pedro Castillo y sus ‘rendezvous’ en Sarratea, puso de relieve adicionalmente que él no es profesor, sino abogado y que por lo tanto conoce las leyes y sabe qué debe y qué no debe hacer... Lo que, por supuesto, convierte en aun más inquietante el recurso de la capucha, pues las personas ocultan su identidad justamente cuando se disponen a hacer algo que saben que no deberían.
Conforme pasan los días, en realidad, el problema no ha hecho sino crecer. Y no va a desaparecer hasta que Jerí nos cuente, si puede, la verdadera razón de la cita. A estas alturas, además, es posible que ni así la gente le crea. La tortura china, nos tememos, recién empieza para él.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.