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Esplendor en los cerros de Palpa [INFORME]

Arqueólogos han registrado con drones varios geoglifos en las laderas de Palpa (Ica). Cinco figuras han sido restauradas por el Ministerio de Cultura, que busca poner en valor el patrimonio

Esplendor en los cerros de Palpa [INFORME]

Este conjunto de geoglifos en el distrito de Río Grande es conocido como el mono y la danzante. Ha sido restaurado parcialmente por arqueólogos del Mincul (Foto: Dante Piaggio)

Dante Piaggio

Hay un vasto patrimonio arqueológico que permanece sin ser conocido en la provincia de Palpa, en la región Ica. El Ministerio de Cultura (Mincul) ha detectado que en las laderas y mesetas de esta provincia hay al menos mil geoglifos prehispánicos que fueron diseñados siglos antes que las emblemáticas Líneas de Nasca. Cinco de estas figuras han sido restauradas recientemente y pueden ser visitadas.

Según el arqueólogo Johny Isla Cuadrado, responsable del sistema de gestión de las Líneas de Nasca y Palpa, buena parte de los geoglifos de Palpa fueron realizados por las culturas Paracas y Topará, entre el 400 a.C. y el inicio de nuestra era. Otras figuras sí habrían sido hechas siglos después por los mismos hombres que llenaron la pampa de Nasca de las líneas que hoy todos conocen.

Pero no solo el tiempo distingue a los geoglifos de ambas provincias. Mientras que en Nasca los antiguos peruanos trazaron líneas, polígonos y figuras abstractas de animales en la extensa llanura desértica; en Palpa las figuras están en las cuestas de cerros, son más antropomórficas y hacen referencia a seres mitológicos.

En Palpa se puede observar, por ejemplo, al enigmático ser oculado, que aparece varias veces en la iconografía prehispánica. También hay una orca, un pelícano, un conjunto de geoglifos con forma humana a los que se denominó la familia real y un mono diseñado con bastante realismo que acompaña a una mujer que se contorsiona. A esta última figura se la ha llamado el mono y la danzante.

Estos cuatro geoglifos, junto con otro al que se llama el tupu, han sido limpiados y restaurados entre noviembre del 2017 y febrero de este año por el equipo de arqueólogos que lidera Johny Isla. Antes, con fondos de la Embajada de Estados Unidos, ellos habían realizado un trabajo similar en 20 de las figuras más emblemáticas de Nasca, que son sobrevoladas anualmente por 92 mil personas.

“Desde que terminamos la restauración de los geoglifos de Palpa, más avionetas llegan a sobrevolar en esta zona. Las aerolíneas están ofreciendo sobrevuelos más amplios”, dijo Isla a El Comercio.

El arqueólogo resaltó que buscan hacer más conocidos los geoglifos de Palpa para que, mediante el turismo y el interés del público, se puedan obtener recursos para proteger esta zona arqueológica.
Un sobrevuelo por las Líneas de Nasca y los geoglifos de Palpa juntos puede costar entre US$140 y US$200.

—Ayuda que vino del aire—
En la puesta en valor de los geoglifos de Palpa no solo se ha intervenido desde el suelo. En los últimos meses, el arqueólogo, investigador y ex viceministro de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales Luis Jaime Castillo ha registrado nuevas figuras con ayuda de drones que tienen incorporadas cámaras de alta resolución.

Con esas máquinas, por ejemplo, se ha descubierto recientemente un conjunto de seres antropomorfos en el sector de Sacramento que ya había sido ampliamente explorado desde hace décadas.

“Las figuras estaban ahí, pero no podían ser vistas desde el suelo debido a que se necesitaba un ángulo preciso”, comenta Castillo, quien usa drones para fines arqueológicos desde 1992 y es uno de los pioneros en ese campo en el Perú.

Además de tomar imágenes en alta resolución, los drones pueden ‘georreferenciar’ los geoglifos. Es decir, se puede conocer su ubicación exacta para así mejorar el catastro sobre el patrimonio.

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