Resumen

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Fue como un réquiem por la intensidad y el dramatismo de una sesión que se prolongó hasta lo grotesco, como si hubiese sido necesario ganar por agotamiento una partida que se tenía en el bolsillo desde el inicio. (Foto: PCM)
Fue como un réquiem por la intensidad y el dramatismo de una sesión que se prolongó hasta lo grotesco, como si hubiese sido necesario ganar por agotamiento una partida que se tenía en el bolsillo desde el inicio. (Foto: PCM)
Por Omar Awapara

Visto en perspectiva, quizás identifiquemos en un futuro próximo la fallida presentación del Gabinete Cateriano ante el Congreso como un punto de inflexión en nuestra historia reciente. Hace dos semanas fuimos testigos de un Congreso hostil al guion que sostuvo la continuidad de un orden que nos ha gobernado gruesamente en las últimas dos décadas, uno que ponía en el centro del escenario las virtudes de la minería mientras buscaba relegar tras bambalinas el descontento que producía. En varias intervenciones, y sobre todo en la votación final, ese malestar capturó los reflectores y podría cobrar un mayor protagonismo en los próximos actos. Ha sido, hasta el momento, el quiebre más pronunciado y visible en un consenso que se mantuvo relativamente incólume, y solo asediado en los márgenes, en los últimos tiempos.