En el ejercicio del liderazgo, la autoridad puede ser una herramienta de transformación o, por el contrario, un riesgo cuando no encuentra límites claros. La experiencia organizacional demuestra que un incorrecto uso del poder sin contrapesos puede comprometer el bienestar y el clima laboral de la organización.
“La autoridad puede ser aceptada por temor, por respeto, porque se asume que tiene más información, porque se confía en su buen juicio, o por múltiples razones. El hecho concreto es que, de una manera u otra, en determinadas circunstancias, incluso con las mejores intenciones, el ejercicio de la autoridad puede traer consecuencias que ni siquiera imaginamos y que pueden ser irreparables para individuos u organizaciones”, señala Jonathan Golergant, rector de la Universidad Tecnológica del Perú
Frente a ello, la tarea de los líderes no solo consiste en inspirar o dirigir, sino también en reconocer la necesidad de autolimitarse. El poder requiere estructuras sólidas, reglas claras y mecanismos de control que prevengan excesos involuntarios. La madurez de un liderazgo se mide también por su capacidad de poner freno a su propia autoridad.
El legado de un liderazgo responsable
“Si como líderes queremos construir instituciones duraderas, debemos pensar qué organización quisiéramos haber construido cuando nosotros ya no estemos en ella”, enfatizó Golergant. Esta mirada a largo plazo obliga a proyectar no solo resultados inmediatos, sino también un legado institucional que trascienda a la persona que lo ejerce.
El liderazgo con límites es, en ese sentido, una apuesta ética y estratégica. Significa diseñar sistemas de contrapesos, promover la transparencia y fortalecer la cultura de la rendición de cuentas. Así se evita que el poder se concentre y se crean las condiciones para un crecimiento sostenible de una organización sólida.
“Ese es el verdadero legado de un liderazgo responsable: garantizar que las instituciones estén protegidas incluso de nosotros mismos”, finalizó el rector de la UTP.






