De la página al ecran

Vargas Llosa y el cine

Por Ricardo Bedoya

La relación de Mario Vargas Llosa con el cine es antigua. Su afición es de toda la vida, como lo ha dicho en tantas entrevistas. A los veinte años, en 1956, publica en Extra algunas críticas de cine bajo el nombre de "Vincent N" y, a lo largo de los años, se ha confesado admirador del western, del cine mexicano más cutre y opositor a todas las películas "pretenciosas" o vanguardistas a ultranza. Con cierta constancia, ha publicado ensayos sobre cintas que le han cautivado o llamado la atención, desde Furtivos, de José Luis Borau, hasta Hitler, un film de Alemania, de Syberberg.

En sus novelas no es difícil hallar situaciones que evocan su experiencia de espectador, como el inicio de ¿Quién mató a Palomino Molero?, con ese cadáver expuesto que recuerda el arranque de Salvatore Giuliano (Franceso Rosi, 1962); o las alusiones al cine de la Nueva Ola francesa, en especial a Truffaut, en Travesuras de la niña mala.

Pero lo que importa aquí es su obra literaria llevada al cine. Los cachorros es la primera de sus novelas llevada al cine. Se filma en México, en 1973. Dirige Jorge Fons, con guión del propio Fons, junto con Eduardo Luján y el poeta José Emilio Pacheco. "Pichula" Cuéllar es José Alonso. Los resultados no son satisfactorios y el público se divierte con una escena de sexo memorable. En el clímax, la sorprendida Helena Rojo pregunta a gritos, con voz melodramática, al azorado Cuéllar: ¡¿Qué te pasó, dime qué te pasó?!

Mejor es la adaptación del cuento Día domingo, convertido por Luis Llosa Urquidi en un cortometraje de exhibición obligatoria en los años setenta, durante la vigencia de la ley de cine del gobierno militar. Conciso y evocativo, el corto es, tal vez, el mejor trabajo fílmico de Llosa.

En 1975, el escritor debuta en la realización cinematográfica codirigiendo con el español José María Gutiérrez una adaptación de su novela Pantaleón y las visitadoras.

Financian capitales de la Paramount y se filma en República Dominicana, con un reparto de actores españoles y peruanos. Al lado de José Sacristán, que hace de Pantaleón, aparecen la venerable Rafaela Aparicio; Camucha Negrete como La brasileña; Silvia "la china" Gálvez como Pechuga; Martha Figueroa como Pochita, y la mexicana Kathy Jurado como Chuchupe. El tono es burlesco, como el de una comedia picaresca pensada para aprovechar el clima del "destape" que se vive en el cine internacional y que explota por esos días en España. La narración es atropellada, las situaciones son como bocetos o caricaturas, y el conjunto no es prolijo. En el Perú, la película es prohibida por la represiva y ridícula censura de la dictadura militar. Mario Vargas Llosa no volvió a intentar la dirección de cine.

Filmar La ciudad y los perros es, desde la publicación de la novela, un proyecto al que aspiran directores de todo el mundo. A fines de los sesenta, el realizador mexicano Luis Alcoriza es uno de los que está más cerca de llevarlo a cabo. Pero Vargas Llosa quiere que la adaptación se haga en el Perú. Francisco Lombardi adelanta una propuesta y el escritor asiente.

En 1985 se estrena La ciudad y los perros, con guión firmado por el poeta José Watanabe. Es la mejor versión fílmica de una novela de Vargas Llosa.

La trama se concentra entre los muros de la escuela en plena pesquisa por la muerte del esclavo. La presencia de la ciudad queda reducida al mínimo. Lombardi aprovecha de la novela los asuntos que le interesan de siempre: el clima del encierro; los cotejos viriles; la supremacía del Jaguar (Juan Manuel Ochoa); la dirección de actores colectiva; la conclusión incierta, con el gesto de impotencia y derrota frente a la institución que castra y mutila. Lo mismo hace Lombardi en su otra adaptación de Vargas Llosa. Pantaleón y las visitadoras (con guión de Giovanna Pollarolo y Enrique Moncloa, 2000) da un giro dramático al personaje encarnado por Salvador del Solar para convertirlo en el típico varón de los filmes de Lombardi: arruinado en su geométrica utopía por la iniciativa y agresividad de la mujer (Angie Cepeda), esa figura disolvente de los lazos masculinos (ver Los amigos, Bajo la piel, entre otras).

Una adaptación casi desconocida de La ciudad y los perros se hizo en 1986 con el lacónico título de Jaguar. La dirigió el chileno Sebastián Alarcón en la Unión Soviética.

En 1990, Jon Amiel dirige Tune in Tomorrow. Es la adaptación norteamericana de La tía Julia y el escribidor, con guión de William Boyd. Barbara Hershey (la María Magdalena del Cristo de Scorsese) hace de la tía, mientras que un Keanu Reeves pre-Matrix es Varguitas. Peter Falk pasa de Columbo a Pedro Carmichael, es decir Pedro Camacho. Es una película filmada con corrección y llevadera sin más.

En 2006 se estrena La fiesta del Chivo, de Luis Llosa, la más reciente de las adaptaciones vargallosianas.

Diremos, por último, que el germen de la novela La guerra del fin del mundo es cinematográfico. Nace mientras Vargas Llosa se documenta para escribir un guión sobre la guerra de Canudos, destinado al realizador Rui Guerra. La película nunca se llegó a realizar.