Si partimos de la premisa de que nada nos hace falta, como principio espiritual, atracción es entonces una habilidad.
Si partimos de la premisa de que nada nos hace falta, como principio espiritual, atracción es entonces una habilidad.
Por Maria Fe Maldonado

Imagina que posees una lámpara maravillosa, como la de Aladino, que concede todos tus deseos. Y si no fueras solo tú, sino que cada habitante tuviese a la mano su propia lámpara a la cual acudir cuando necesite algo? ¿Cómo sería el mundo? Esto sería una recreación material de lo que la mayoría entiende por ley de atracción.