"Loco corazón": música serena y triste
Esta es una película sobre la música country. Pero, a su vez, tiene los méritos de una buena canción country: serena, intensa, que nunca se regodea en el dolor de los personajes ni de las situaciones. Por el contrario, la vieja historia del perdedor que encuentra una segunda oportunidad tiene un nuevo aire en esta cinta susurrante, calmada y estupendamente bien actuada.
Bad Blake (enorme Jeff Bridges) es un cantante de música country cuya mejor etapa ya pasó hace mucho tiempo. Metido en el alcohol y sin muchas esperanzas de sacar un nuevo disco o escribir una nueva canción, conoce a Jean (enorme Maggie Gyllenhal) una joven y guapa periodista la cual, junto a su pequeño hijo, le dan un nuevo aire a su vida.
La película es casi una muestra de cómo los argumentos o las tramas no importan al final demasiado, sino cómo están tratados. Aquí tenemos casi todos los temas tópicos que se pueden esperar de este tipo de películas: un personaje perdedor que busca redimirse, una mujer que aparece en su vida para redimirlo, un hijo extraviado con el que busca reconciliarse, el discípulo que ha superado al maestro (Colin Farrel hace de un cantante que fue el protegido de Bad Blake y que ahora es más famoso que él).
Pero lo que importa es el enfoque que le da el realizador Scott Cooper a las situaciones: la película las observa, sin nunca endulzarlas o hacerlas más sórdidas o truculentas. Por el contrario, el director decide simplemente dejar que estas fluyan. No hay ningún intento de resaltar los momentos en los cuales Blake se emborracha, o de dramatizar el momento en el cual se le pierde el hijo de Jane.
De esta manera, nada se siente falso en la película: la película va imponiendo un ritmo tranquilo, en las cuales las acciones se van sucediendo de forma natural, sin ningún tipo de manipulación. Los dramas humanos que toca el filme se ven potenciados por el tratamiento sin aspavientos que Cooper propone. La cinta se basa en observar lo cotidiano, encontrando emotividad en la vida misma de los personajes. No se fuerza ni lo sórdido ni lo melodramático: la sequedad de la película hace que se vaya creando una melancolía que se queda en el espectador por un buen tiempo.
Jeff Bridges es un actorazo. Pero eso ya lo sabíamos. Aquí simplemente vuelve a demostrar que puede crear un personaje triste y complejo a partir de su propia naturalidad. Bridges parece no actuar: Las cosas le salen naturales, como si saliendo del cine nos pudiéramos encontrar exactamente con esa misma persona esperándonos en la puerta. El actor hace que los problemas de Blake nos parezcan más humanos y cercanos. Dichosos nosotros que podemos verlo actuar.

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