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Retomando la senda, por Carolina Trivelli

"La pobreza es un problema complejo y ninguna medida será perfecta. Junto con el dato de pobreza monetaria debemos usar otros indicadores", opina la investigadora principal del IEP.

Pobreza

(Ilustración: Giovanni Tazza).

Ilustración: Giovanni Tazza.

La pobreza en el 2018 cayó 1,2 puntos porcentuales respecto al 2017, situándose en 20,5%. Son buenas noticias, retomamos la senda de reducción de la pobreza. En 2017, la pobreza subió como resultado de una combinación de menor crecimiento, fenómenos climáticos y baja inversión pública. El 2018, con mejor crecimiento, alta inversión pública y baja inflación, sobre todo alimentaria, trajo mejores oportunidades para los sectores en situación de pobreza.

De la información del 2018 hay que destacar la reducción de dos puntos en la pobreza rural. Si bien esta sigue siendo inaceptablemente alta (42%), su caída es importante y resulta de un buen año para el agro y de la mayor inversión pública, sobre todo subnacional.

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También se registró una sustantiva reducción en la pobreza extrema, que mide el porcentaje de peruanos que incluso usando todos sus recursos solo para alimentarse, no lograrían agenciarse el mínimo alimentario requerido. La pobreza extrema, los peruanos que sí o sí pasan hambre, alcanza al 2,8% de la población. En lo rural la pobreza extrema bajó, pero sigue siendo más de 10 veces mayor que en lo urbano.

Como pasa siempre que se publica la cifra de pobreza, surge una absurda polémica sobre si es una buena medición y si superar la línea de pobreza es suficiente para lograr un bienestar mínimamente aceptable.

La pobreza monetaria es una –entre muchas opciones- para aproximarnos a la real situación de pobreza. Recoge información sobre lo que consume cada familia y compara dicho consumo (valorizado) con el costo de una canasta básica, muy básica; si el consumo de dicha familia supera el costo de la canasta, la familia es considerada como no pobre. ¿Esto asegura que esa familia viva con comodidad? Claro que no. Solo quiere decir que si usa efectivamente todos sus recursos podría agenciarse lo mínimo. Nada más.

La medida monetaria que realiza el INEI es transparente, estandarizada y comparable en el tiempo. Sirve para tomarnos el pulso y ver cómo vamos.

La pobreza es un problema complejo y ninguna medida será perfecta. Junto con el dato de pobreza monetaria debemos usar otros indicadores, de acceso a servicios públicos, de dotación de activos, de salud, nutrición, de participación social, etc.

Hay que usar todos los indicadores posibles y utilizar combinaciones diversas de ellos para entender las varias caras de la pobreza. Entender la pobreza rural exige un conjunto de indicadores distintos a los que explican la pobreza en Lima.

Tener varias medidas es mejor que buscar una que pretenda capturarlo todo.

Enfrentar hoy el desafío de seguir reduciendo la pobreza exige hacer esfuerzos adicionales: medir con más indicadores para entender y atender mejor la pobreza en sus distintas expresiones, para así poder innovar e implementar políticas articuladas y diferenciadas que permitan complementar y potenciar el impacto del (necesario) crecimiento.

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