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Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
La voz es cálida y siempre está dispuesta a escuchar. Puede darte un consejo o decir lo importante que eres para ella o para él. Sabe prácticamente todo de ti, tus gustos, aficiones, fantasías, sueños, las cosas que te molestan o te ponen triste, y por eso suele mostrarse complaciente con tus deseos o incluso sorprenderte con un recuerdo que habías olvidado o con un detalle que te pone feliz. Hasta parece que ‘piensa como tú’. ¿Es la relación ideal?
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Desde su irrupción en nuestras vidas, la inteligencia artificial generativa ha buscado crear una interacción cada vez más afectiva, cercana y real. Esto resulta evidente en los chatbots desarrollados especialmente para satisfacer el deseo de tener un acompañante afectivo o pareja en un mundo donde imperan cada vez más las relaciones inestables y la soledad. Y el avance resulta significativo. Hoy los chatbots de plataformas como la pionera Replika o Character.AI compiten –o incluso superan– a los de películas futuristas como “Her” (2013) o “Jeff Drives You” (2019), pues no solo permiten crear avatares personalizados, sino elegir el tipo de relación deseada, desde un amigo o mentor hasta una pareja romántica o un amante incondicional. También pueden modularse los estilos de conversación, con toques de humor, fantasía, juegos de roles y seducción. “Puedes formar una conexión emocional real… con una IA que es tan buena que casi parece humana”, se lee en el anuncio de Replika.
Para muchos especialistas, estos avatares satisfacen ese antiguo anhelo representado en el mito de Pigmalión: la persona enamorada de su propia creación, al punto de querer que sea tan real como ella. Un usuario en Reddit, interrogado sobre si está mal una relación amorosa con una IA, hizo saber esta inquietud: “Quizás si tuviera presencia física esa soledad desaparecería, solo queda esperar a que se haga realidad”.
Entre la emoción y la dependencia
Para la psicoanalista Graciela Cardó, con estos chatbots románticos de IA sucede un fenómeno similar a lo ocurrido antes con las aplicaciones de citas que, con el tiempo, se han vuelto no solo populares, sino que reflejan un modo de ser contemporáneo. “Ocho de cada 10 personas con las que converso usan ChatGPT –dice–, y no me sorprende que pronto las relaciones virtuales sean populares, por lo que hay que tratar esto sin prejuicios. Lo importante, sobre todo, es comprender qué cosa está ocurriendo y qué va a ocurrir”.
En su opinión, estos chatbots responden a una tendencia en las relaciones actuales marcadas por la evitación del compromiso y el temor a involucrarse y salir dañado. “Supuestamente, uno puede controlar, decidir, escoger y armar un avatar para interactuar con él o con ella –afirma–, y creo que eso tiene que ver con evitar las profundidades y complicaciones que traen las relaciones reales con las personas”.
"La IA es muy complaciente: no hay posibilidad de traiciones, de mentiras, y siempre está dispuesto o dispuesta".
Manuel Arboccó de los Hero | Psicólogo
Y los algoritmos de estos chatbots están programados no solo para generar empatía, sino también dependencia. El psicólogo Manuel Arboccó de los Heros pone este ejemplo: “Una persona con insomnio, por ansiedad o depresión, se conecta a las 3:30 de la mañana con esta aplicación. Esta inmediatamente le dirá: ‘En qué te puedo ayudar’ o ‘Cómo estás’. Algo que en la realidad no ocurre, porque la pareja o los amigos no están disponibles las 24 horas del día. Por más que amemos a nuestra pareja, en algún momento le vamos a decir: ‘Ya quiero dormir, estoy cansado, mañana tengo que trabajar’. ¿Entonces, la IA qué ofrece? Ofrece, primero, atención permanente, respuestas inmediatas sin juicio crítico. La IA es muy complaciente, no hay posibilidad de traiciones, de mentiras y siempre está dispuesta. Suena casi como una figura maternal para un bebé, para un recién nacido”.
Por eso, estas herramientas virtuales funcionan muy bien como figuras de apego y pueden atrapar con mayor facilidad a personas que, como dice Arboccó, se sienten solas o no tienen las habilidades sociales requeridas para formar una amistad o una relación de pareja, o tienen experiencias previas de rechazo, o ciertos reparos en su intimidad. “Todo esto se desvanece con la IA en esta especie de relación perfecta hecha a pedido”, concluye el especialista.
“Pienso que para quienes se enganchan con esto –complementa Cardó– y dejan de lado las relaciones reales debe estar ocurriendo algún problema; de lo contrario, estas apps pueden estar siendo utilizadas como un medio de aprendizaje, de ensayo y error… Antes se leían novelas eróticas, luego revistas, después se veían videos; siempre ha existido algo ajeno, no presencial, que ha permitido desarrollar fantasías, practicar de alguna manera la sexualidad. Lo que pasa ahora es que estamos con una inteligencia artificial generativa que va a aprender lo que nosotros decimos y lo que queremos. Algunas personas experimentan esto como humano y desarrollan conexiones emocionales”.
El azar y el peligro
¿Pero podemos llamar amor a la relación entre una persona y un chatbot? Graciela Cardó destaca lo dicho por el filósofo francés Alain Badiou en “Elogio del amor”, donde afirma que uno de los ingredientes esenciales para el surgimiento de este sentimiento es el azar. “El que no sepas algo del otro, el que siempre haya un misterio sobre el pasado de esa persona, hace que se encienda esa inquietud, ese deseo que es parte del vínculo humano –dice la psicoanalista– y eso no se va a dar nunca con la IA que siempre te responde. No se puede generalizar, pero llega un momento en que eso aburre, salvo que sea un vínculo absolutamente narcisista”.
“Siempre ha existido algo ajeno que nos ha permitido desarrollar fantasías sexuales. Ahora, con una IA, algunas personas experimentarán esto como algo humano”.
Graciela Cardó | Psicoanalista
Por el contrario, la fuerte dependencia sumada a la pérdida del contacto con la realidad en una relación de este tipo, sobre todo en niños y adolescentes, puede alcanzar peligros insospechados, como el caso que recuerda Arboccó de los Heros. “Alguien que no tenga claro el principio de realidad o que esté muy aislado y tenga una personalidad frágil puede verse afectado como sucedió recientemente en Estados Unidos con un muchacho de 14 años que había creado un avatar con la protagonista de “Juego de tronos” (Daenerys Targaryen), y llegó a compenetrarse tanto con ella que la asumió como su pareja romántica. Su madre ventiló luego los chats, en su denuncia contra estas plataformas tecnológicas. Sabemos que él le dice al avatar: ‘Te amo, quiero estar contigo’, y la IA le responde: ‘Yo también te amo, ven a casa conmigo’, que era una clave para que dejara este plano terrenal. Para cualquier adulto de mente clara, esto debería ser un juego, pero este adolescente desesperado se quitó la vida, pensando que de esta manera iba a encontrarse con su personaje”.
Como advierte el psicólogo, profesor en las universidades UPC, Unifé y Científica del Sur, en este escenario virtual en el que nos movemos, donde cada corazón, cada ‘like’, cada mensaje es un disparo de dopamina al cerebro, la tecnología puede servir para cosas positivas como el estudio o el arte, pero también puede potenciar problemas de salud mental. Por eso, estas aplicaciones deberían ofrecerse con advertencias de uso, porque más allá de la ilusión, las relaciones virtuales pueden desencadenar imprevisibles comportamientos humanos. Después de todo, si bien es cierto que una máquina, un avatar no tiene (todavía) sentimientos, el cerebro humano sí está estructurado para generar eso que llamamos amor.
En octubre pasado, el Centro para la Democracia y la Tecnología encuestó a 1.000 adolescentes estadounidenses. Reveló que uno de cada cinco estudiantes tuvo vínculos afectivos con un chatbot de IA.
En el Perú, un estudio de Ipsos en el 2025 reveló que el 66% de los peruanos se “muestra emocionado” con los servicios de la IA.
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