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Crítica de arte: "Karaoke Autoortográfico F.S.L."

El crítico de arte Max Hernández Calvo comenta la muestra de Marisabel Arias, curada por Gisselle Girón.

Crítica de arte: "Karaoke Autoortográfico F.S.L."

Vista de la instalación. Un trabajo que abre preguntas sobre la memoria, el arte y la escritura. [Foto: Juan Pablo Murrugarra]

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Karaoke Autoortográfico F. S. L. (First Spanish Lesson), primera exposición individual de Marisabel Arias (curada por Gisselle Girón), apuesta por conectar dos espacios que giran en torno al lenguaje: las clases de idiomas y el karaoke.

Karaoke Autoortográfico F. S. L. es una supuesta empresa en la que la artista ‘trabajaba’, siguiendo un estricto régimen laboral, para aprender español: horario de oficina, escribir de lunes a viernes, escribir exclusivamente en España, usar solo letras mayúsculas, etc. A lo largo del proceso, Arias tipeó a máquina de escribir cientos de textos: fechas, letras de canciones, reflexiones personales, direcciones, palabras sueltas, signos ortográficos, etc.

Estas hojas han sido agrupadas según los meses durante los cuales la artista las escribió, y dispuestas sobre las paredes siguiendo un esquema cuadricular, pero dejando espacios vacíos (los conjuntos varían en número; por ejemplo, febrero tiene solo cuatro hojas mientras que mayo, 23).

Asimismo, se presentan una serie de esculturas de espuma de colchón, varillas de acero y, en algunos casos, luces de colores y reproductores de sonido, que sirven como soporte para algunos textos mecanografiados y como sillones (algo sugerido en títulos como “Sofazito I” y “Sofazito II”). Estos dispositivos dislocan la experiencia de la lectura, pero también crean un entorno inmersivo donde convergen la idea del trabajo (evocada por la acumulación de papel y la labor mecanográfica) y del entretenimiento (invocada por las luces de discoteca, la música y el mobiliario tipo lounge y hipster).

El conjunto de obras evidencia la búsqueda de la artista de distintos modos de escribir (manifiesto en propuestas como escribir sin escribir, escribir no linealmente, la ortografía emancipada, jugar con el espacio de la hoja, y más) y de diferentes maneras de presentar la escritura, tanto en lo referente a su diagramación en el papel (donde destaca un fuerte sentido gráfico), como a las maneras de desplegar las hojas en el espacio (sobre pared y en las estructuras de soporte que ha creado).

Lo dicho da cuenta de las preocupaciones de la artista con respecto a las posibilidades de la escritura y su encuentro con las artes visuales. Sus textos recuerdan a la poesía concreta, pero también diversos ejemplos de arte conceptual de base lingüística. Uno particularmente relevante es el artista y escritor mexicano Ulises Carrión (1941–1989), quien demuestra ser un referente clave no solo a nivel estético, sino también teórico para la oficina/karaoke de Arias (en particular su texto El arte nuevo de hacer libros, publicado en 1975).

Pero, además de la articulación de dos modelos de lenguaje (de oficina y de karaoke) aludida en el texto de presentación, Arias tiende un puente entre dos polos afectivos opuestos: la expectativa —inherente al aprendizaje de un nuevo idioma— y la nostalgia —que define los playlists de todo karaoke que se precie—.

Así, las reglas que sigue la artista pueden entenderse no solo como una alusión al mundo laboral y una rebelión ante la Real Academia Española (léase, como una negociación con su experiencia migrante en ‘la madre patria’), sino como una forma de abordar su propia expectativa por la nostalgia ante el cambio de vida que anticipaba este proyecto, inherente a toda mudanza, sobre todo una intercontinental. El énfasis de Arias en las fechas responde a una lógica similar a la que opera en los date paintings de On Kawara (otro conceptualista con trabajo textual): el anhelo de asir el tiempo en el que se produjeron.

Marisabel Arias nos presenta con esta muestra una particular forma de meditación, quizá ante todo, sobre el tiempo. El carácter de diario de los textos y su recurso a una tecnología obsoleta (preofimática) que no permite marcha atrás para enmendar los errores remite a lo vivido que no vuelve, algo contundentemente sugerido por la idea imposible de aprender nuevamente la lengua materna, acaso una forma radical de karaoke nostálgico (a fin de cuentas, aprendemos nuestro propio idioma por repetición). Pero la de Arias es una nostalgia extraña que se percibe nueva.

Se trata de una muestra difícil (cabe celebrar la capacidad de riesgo de la galería Crisis), pero si se logra sostener la incertidumbre que genera, sus exigencias abren preguntas productivas sobre la memoria, el arte y la escritura.

CRISIS GALERÍA

Jr. Alfonso Ugarte 260, Barranco. Hasta el 28 de setiembre.

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