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Fisión nuclear: La energía que lo cambió todo

En medio de la Segunda Guerra Mundial, un equipo de científicos liderados por una física judío-alemana cambió el curso de la historia. El descubrimiento de la fisión nuclear posibilitó la creación de la apocalíptica bomba atómica.

Física nuclear

El lado más apocalíptico de la fisión nuclear fue puesto a prueba con la fabricación de la bomba atómica. En la imagen una prueba en la isla de Bikini en el Pacífico, en 1946.

Por: Modesto Montoya
En enero de 1939, en Berlín, en plena Segunda Guerra Mundial, los químicos alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann publicaron el descubrimiento del fenómeno de la fisión de átomos de uranio, producido al bombardear este elemento químico con neutrones. En realidad, la lideresa del equipo era la física judío-alemana Lise Meitner; sin embargo, su nombre no fue incluido en la publicación por temor a las represalias del régimen nazi, que ya desarrollaba su política de exterminio.

Lise Meitner —en el exilio— había calculado que en la fisión de un átomo de uranio se liberaba una energía centenares de millones mayor que en una reacción química. En París, en febrero de ese año, Frédéric Joliot-Curie y sus colaboradores descubrieron que los fragmentos de la fisión emitían neutrones. La combinación de ambos fenómenos dio lugar a una reacción en cadena que hacía posible la construcción de un explosivo nunca antes conocido: la bomba nuclear.

Física nuclear

La física austriaca Lise Meitner con su colega alemán Otto Hahn, en 1959 .

—El proyecto Manhattan—
Según la investigación de Lise Meitner, la fisión de unos kilos de uranio liberaba una energía equivalente a la de decenas de miles de toneladas de dinamita. Hitler tenía entonces todo para construir una bomba atómica. Sin embargo, la persecución contra los científicos judíos hizo que estos emigrasen a Estados Unidos.

Entre ellos, estaba Albert Einstein, quien mediante una ahora famosa carta convenció al presidente Franklin D. Roosevelt de llevar a cabo el proyecto Manhattan, cuyo objetivo era construir la bomba atómica antes que los nazis. Einstein temía que, si estos lograban esta proeza, serían ya invencibles.

El físico Robert Oppenheimer fue designado director científico de dicho proyecto. Oppenheimer había estudiado en Europa, por lo que conocía a la mayoría de los científicos que iban a participar en esta iniciativa. La bomba fue probada en julio de 1945 y fue tristemente usada contra Hiroshima y Nagasaki en agosto de ese año. Esto provocó reacciones encontradas entre los científicos que la habían hecho posible.

Los físicos que habían ayudado a construir este artefacto lo habían hecho para evitar, justamente, que su poder destructor fuera utilizado por la Alemania nazi. Decepcionado por el uso que el gobierno norteamericano le había dado a la energía nuclear, Robert Oppenheimer se negó a seguir en el programa y continuar desarrollando proyectos militares. Posteriormente, sería acusado de comunista.

Y Albert Einstein, quien en todo momento se había opuesto al lanzamiento de las bombas sobre poblaciones civiles, se volvió un ferviente pacifista.

Con esta acción Estados Unidos demostró su poder y emergió, a mitad del siglo XX, como la nueva potencia mundial.

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—Los reactores nucleares—
El proyecto Manhattan significó el inicio de lo que hoy se conoce como la economía del conocimiento, basada en la ciencia. Dado el poder destructivo de la bomba atómica, las potencias de todo el orbe querían contar con una, para lo cual crearon múltiples instituciones especializadas.

El 18 de octubre de 1945, Francia creó el Centro de Estudios Nucleares, el que se convirtió en la punta de lanza del desarrollo científico galo. Frédéric Joliot-Curie fue su primer director. Luego, creó el Instituto de Física Nuclear de Orsay, para formar científicos nucleares.

La fisión nuclear, conocida sobre todo por los terribles efectos de la bomba, se convirtió con el tiempo en una fuente de energía con múltiples utilidades, la cual es aprovechada en los reactores nucleares. Estos pueden clasificarse en reactores de potencia —como fuente de energía eléctrica— y en reactores de investigación —como fuente de radiación—, que tienen múltiples aplicaciones en campos tan variados como la medicina o la física.

La fisión nuclear no solo es un fenómeno que se estudia para mejorar sus aplicaciones inmediatas, sino también para comprender la naturaleza de la materia a niveles subatómicos.

Estas investigaciones se realizan con poderosos medios técnicos, que ofrecen los propios reactores nucleares, así como con los avances de la electrónica y la informática que facilitan el procesamiento de datos obtenidos en millones de eventos de fisión por segundo.

—La economía del conocimiento—
El Perú ha participado en investigaciones sobre fisión nuclear, en particular de la llamada fisión fría, en la que los fragmentos de fisión no emiten neutrones y permiten comprender las propiedades cuánticas de este fenómeno. Este avance ha sido reconocido en artículos y libros internacionales.

Como señalamos líneas arriba, el descubrimiento y la aplicación de la fisión nuclear en la bomba atómica empezaron la llamada economía del conocimiento. Con talentos científicos y herramientas tecnológicas que llegaron a sus laboratorios, Estados Unidos se convirtió en la primera potencia mundial. Entre esos talentos hay decenas de científicos peruanos de primer nivel, quienes actualmente trabajan, inventan y patentan en dicho país.

En el siglo XXI, comprendiendo el valor del conocimiento, China e India han establecido políticas de repatriación de sus investigadores y ahora Estados Unidos sufre de déficit de innovación. El conocimiento se ha convertido en accesible para los países que deciden desarrollar ciencia y tecnología.


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