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¿Tu bebé puede reconocer tu voz antes de nacer? Esto revelan cinco expertos peruanos sobre la memoria fetal
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¿Alguna vez te has preguntado si tu bebé puede reconocerte incluso antes de nacer? Cada latido, cada palabra y hasta una simple canción pueden convertirse en parte del mundo sonoro que lo acompaña dentro del útero. Y aunque pueda parecer increíble, la ciencia ha descubierto que esos sonidos no se pierden en el vacío: quedan grabados en una memoria temprana que prepara al recién nacido para encontrarse con su entorno.
Durante mucho tiempo se pensó que la vida en el útero era solo un proceso de crecimiento físico, pero hoy sabemos que también es un escenario donde se forman las primeras huellas de memoria. Desde la voz de la madre hasta ciertas melodías o ruidos cotidianos, todo puede dejar una marca que el bebé reconocerá al llegar al mundo.
¿Qué es la memoria fetal y cuándo empieza?
La memoria fetal se refiere a la capacidad del feto para aprender y reconocer estímulos antes de nacer, sobre todo a nivel auditivo. Según explicó Lisa Diard, pediatra de Cleveland Clinic a Hogar y Familia, no se trata de recuerdos autobiográficos como los que tenemos en la infancia, sino de lo que se conoce como memoria implícita o sensorial: un aprendizaje no consciente que permite al bebé familiarizarse con patrones de sonidos, voces y ritmos, preparándolo para el mundo exterior.
Este proceso comienza a manifestarse desde el segundo trimestre: hacia la semana 16 las orejas ya están formadas y el feto empieza a percibir sonidos. Más adelante, al final de ese trimestre, la audición se vuelve más clara, lo que le permite reaccionar a la voz de sus cuidadores. Tras nacer, los bebés reconocen esas voces familiares y se orientan hacia ellas, lo que evidencia que ya hubo un aprendizaje auditivo dentro del útero.
“Alrededor de la semana 25–28 del embarazo ya puede escuchar con más claridad los sonidos de afuera, además de los internos, como el latido del corazón y la voz de la mamá. Por eso, desde el segundo y en el tercer trimestre es común que reaccione con movimientos o cambios en el ritmo cardíaco cuando escucha voces, música o ruidos fuertes. Es como si poco a poco fuera afinando su audición para reconocer lo que luego le dará más seguridad al nacer”, expresó el doctor Víctor Garay, pediatra neonatólogo de Clínica Internacional.

¿Qué escuchan los bebés en el útero?
Aunque aún no tienen una memoria consciente como la nuestra, sí poseen una memoria fetal, es decir, la capacidad de aprender y recordar ciertos estímulos antes de nacer. Entre ellos, la neuropsicóloga Patricia Cortijo, destacó que el más significativo es la voz de la madre, que el bebé reconoce por sus tonos y melodías, lo cual influirá en sus preferencias y comportamientos después del nacimiento. Esto ocurre porque todo lo que llega al feto —sonidos, emociones o estados de la madre— se transmite a través de la placenta mediante neurotransmisores, dejando huellas en su desarrollo.
“La ciencia respalda esta capacidad de reconocimiento temprano. La doctora Charlene Kruger, de la Universidad de Florida, registró cómo a partir de la semana 34 de gestación los fetos reaccionan al oír la voz materna: primero aumenta su ritmo cardíaco por la novedad, pero luego se estabiliza porque la reconocen. Incluso hacia la semana 38 esa misma voz sigue generando el mismo efecto, lo que confirma que pueden recordar ritmos y melodías en el útero”, agregó.
Otros estudios lo han confirmado tras el nacimiento. Como mencionó Marita Ramos, médico ocupacional de MAPFRE, DeCasper y Fifer (1980) demostraron que los recién nacidos preferían la voz de su madre a la de otras mujeres, cambiando su patrón de succión para escucharla más tiempo. Años después, en 1991, Peter Hepper observó que los bebés reaccionaban con variaciones en el ritmo cardíaco al volver a escuchar melodías que habían oído repetidamente durante la gestación.
De acuerdo con la doctora Diard, al nacer los bebés no solo distinguen la voz materna, sino también otras voces que escucharon con frecuencia durante el embarazo, orientándose hacia ellas. “La voz humana, especialmente la de la madre, se transmite con mayor claridad a través del líquido amniótico y llega tanto por vibración como por el aire, lo que la convierte en el sonido más calmante para el bebé. Además, los pequeños pueden reconocer voces familiares, melodías repetidas y otros ritmos del entorno que quedan registrados en su memoria fetal”, aseguró Ángel Samanez, neonatólogo y decano de la carrera de medicina humana de la Universidad Científica del Sur.
¿Cómo reaccionan los recién nacidos a lo que escucharon en el vientre?
Los recién nacidos no llegan “en blanco”: reaccionan a lo que escucharon en el útero y esas huellas sonoras influyen en cómo se calman, respiran, comen y duermen.

La neuropsicóloga Patricia Cortijo explicó que esto ocurre porque el oído es el primer y el último sentido en desarrollarse. Asimismo, aunque la memoria fetal no es consciente, sí es sensorial y emocional: el bebé recuerda patrones de sonidos, melodías y ritmos que, al escucharlos nuevamente tras el nacimiento, le generan familiaridad, calma y seguridad.
“En la práctica lo vemos mucho: mamás que cantaban la misma canción durante la gestación cuentan que, al cantarla después del nacimiento, su bebé se calma o incluso se queda dormido. Es como si esos primeros recuerdos sonoros funcionaran como un puente entre la vida en el útero y el contacto con sus padres, reforzando el vínculo afectivo desde los primeros días”.
En la sala de partos, el neonatólogo Víctor Garay, confirmó este fenómeno desde la práctica clínica. “Cuando un recién nacido escucha la voz de su madre o de su padre, suele abrir más los ojos, relajarse, moverse menos e incluso regular mejor la respiración. Si está agitado, basta colocarlo piel a piel con la madre para que se autorregule: ella se tranquiliza, lo acaricia, el bebé escucha su voz y su sistema se organiza. A veces, antes del primer minuto de vida, al ponerlo sobre el pecho materno incluso sin cortar aún el cordón umbilical, el bebé respira mejor, se adapta más rápido y hasta inicia espontáneamente la búsqueda del pecho, lo que favorece un inicio inmediato de la lactancia y una producción de leche más eficiente en las horas siguientes”.
Estas respuestas son todavía más notorias en los prematuros. En programas como “mamá y papá canguro”, los bebés que necesitan oxígeno o presentan pausas respiratorias mejoran al escuchar la voz de sus padres y sentir su calor piel a piel, como si volvieran a la seguridad del útero. Su saturación de oxígeno se estabiliza, se tranquilizan y muchas veces requieren menos apoyo respiratorio.
“Por la inmadurez de su sistema nervioso, son muy sensibles a ruidos fuertes, por lo que en UCI neonatal se procura un ambiente sonoro suave, donde la voz de los padres es clave para ayudarlos a respirar mejor y avanzar en la alimentación”, añadió el experto de Clínica Internacional.

En los bebés a término, los efectos son similares, aunque más fáciles de tolerar: también muestran calma y conexión al oír voces y canciones familiares. Entre los principales beneficios de estas prácticas destacan:
- Mejor desarrollo neurológico.
- Menos estrés y más calma.
- Alimentación más efectiva y promoción de la lactancia.
- Mejor calidad del sueño.
- Mayor crecimiento y un vínculo afectivo más fuerte con los padres.
Estimulación auditiva: lo recomendable y lo que conviene evitar
La estimulación auditiva durante el embarazo no necesita ser complicada ni artificial. “Lo mejor es que los padres le hablen o le canten con voz suave todos los días, que la madre le lea un cuento corto o que repitan una misma canción”, indicó el doctor Garay. Esa repetición hace que el bebé la reconozca después y se calme al escucharla ya fuera del útero. Estos gestos sencillos favorecen el reconocimiento de voces, reducen el estrés y fortalecen el vínculo afectivo.
En esta misma línea, Patricia Cortijo coincidió en que las voces cercanas son la mejor compañía. “Lo más lindo que pueden hacer los papás durante el embarazo es hablarle a su bebé, cantarle, leerle un cuento o simplemente contarle cómo se sienten. Esas voces se van grabando en su memoria y, cuando nacen, las reconocen y eso les da mucha calma y seguridad”. Además, recaló que, no solo la madre puede participar: el padre, los abuelos u otros cuidadores también pueden formar parte de este vínculo desde el vientre materno.
En cuanto a lo que conviene evitar, tanto Víctor Garay como Ángel Samanez subrayaron que no es necesario —y puede ser perjudicial— colocar parlantes o auriculares sobre el abdomen. El líquido amniótico transmite muy bien los sonidos, y la voz de los padres es suficiente. La sobreexposición a ruidos fuertes, prolongados o ambientes tensos puede generar estrés en el bebé.
Un vínculo que empieza antes del nacimiento
En definitiva, la memoria fetal nos demuestra que los bebés no llegan al mundo como páginas en blanco, sino que traen consigo las primeras huellas sonoras de su vida. Como recalcó el especialista de la Universidad Científica del Sur, “reconocer que los pequeños pueden guardar “recuerdos” del útero, nos recuerda que el vínculo y el desarrollo emocional empiezan antes del nacimiento, y que esas experiencias tempranas son la base de su seguridad y apego. Tu voz es su primer refugio: háblale, cántale y hazle sentir que ya es parte de tu vida, porque el vínculo comienza mucho antes de nacer”.











