El acto protocolar se realizó este viernes con la firma del acuerdo entre el gerente de PROLIMA, Luis Martin Bogdanovich, y Claudia Flores, representante de la Dirección General de Abastecimiento del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF). Esta entrega marca un nuevo paso en el proceso de revitalización del Centro Histórico de Lima.
PROLIMA asume su restauración para convertirlo en centro cultural. (Foto: Difusión)
Ubicado en el jirón Áncash, el exHotel Comercio integra el denominado Eje Estructurante Áncash, una de las zonas priorizadas por el Plan Maestro. En este espacio se proyectan intervenciones destinadas a recuperar el patrimonio arquitectónico y promover la reactivación cultural y urbana del entorno.
“Cada intervención que realizamos en PROLIMA parte de la evidencia histórica, del estudio técnico y del respeto absoluto por la autenticidad del patrimonio. El Hotel Comercio no es una excepción y será recuperado con esa misma mirada: como un espacio que devolverá vida y significado a su entorno”, afirmó Bogdanovich.
El proyecto contempla cambiar el uso del inmueble de comercial a cultural, convirtiéndolo en el Centro de Investigación y Exposición del Patrimonio Arqueológico del Centro Histórico de Lima. Este espacio albergará y exhibirá los hallazgos arqueológicos descubiertos en la capital, mostrando la evolución urbana desde su fundación hasta la época virreinal y republicana.
“Los hallazgos que se expondrán darán cuenta del desarrollo de Lima a lo largo de su historia y pondrán en valor las evidencias más relevantes de su pasado prehispánico”, agregó el funcionario.
Antiguo Hotel Comercio será restaurado para albergar el Centro de Patrimonio Arqueológico del Centro Histórico. (Foto: Difusión)
Historia del inmueble
El solar donde se levantó el Hotel Comercio fue originalmente propiedad de García de Salcedo, pasando por diversas manos desde el siglo XVI. Los terremotos de 1687 y 1746 destruyeron las edificaciones originales.
A mediados del siglo XIX, en 1848, Isidro de Aramburú construyó el Hotel Comercio, con tres pisos, dos patios y 131 habitaciones, combinando materiales tradicionales como adobe, quincha y ladrillo. Su cercanía al Bar Cordano y, posteriormente, a la Estación de Desamparados lo convirtió en un punto clave del movimiento urbano limeño.
Sin embargo, un trágico crimen ocurrido en 1930 afectó su reputación, y con el paso de las décadas el hotel cerró definitivamente, permaneciendo activo solo el Bar Cordano.
En 1980, fue declarado Monumento Histórico mediante la Resolución Ministerial N.° 0928-80-ED, y en 2004 su administración pasó al entonces Instituto Nacional de Cultura. Hoy, con la gestión de PROLIMA, el inmueble inicia un nuevo capítulo orientado a su recuperación, preservación y reintegración al tejido cultural del Centro Histórico.
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