Según los datos abiertos del Ministerio de Salud (Minsa), un total de 1.045 menores de edad (personas de entre 0 y 17 años) han fallecido por la pandemia en nuestro país desde marzo del 2020. Si bien esta cifra representa apenas el 0,5% de los más de 193 mil decesos reportados por el COVID-19, se ha incrementado este año –entre otros factores– debido a la segunda ola.
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Al inicio de la pandemia, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) estableció que los niños, niñas y adolescentes eran “menos susceptibles” a la infección por coronavirus y la transmitían “con menos frecuencia que los adultos”, además de que solían ser asintomáticos o presentaban un cuadro leve al desarrollar la enfermedad.
Sin embargo, las variantes del SARS-CoV-2 cambiaron el escenario: en el caso de la británica, duplicó la incidencia de contagio entre los más jóvenes y causó severos casos del COVID-19, de acuerdo con una investigación del Instituto Robert Koch (RKI). Esta variante fue identificada por primera vez en el Perú en enero de este año. La situación fue similar con la cepa brasileña, predominante en nuestro país.
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Pero estas mutaciones del virus no serían el único factor que permitieron el avance de la pandemia entre los más jóvenes, según expertos consultados por El Comercio, quienes coinciden en la necesidad de realizar un estudio para determinar el impacto de las variantes en los grupos etarios. Lo único concreto son los números: hasta fines de abril, más de 100 mil menores de 18 años se habían contagiado, y semanalmente entre 2 a 3 niños ingresaban a UCI en el Instituto Nacional del Niño de San Borja.
Los fallecidos de ese grupo etario, por otro lado, sumaban 349 a esa fecha. Sin embargo, el Ejecutivo convocó en mayo a un comité de expertos para que elabore nuevos criterios técnicos a fin de contabilizar adecuadamente los decesos por el COVID-19, con lo cual la cifra se elevó a 1.045 hasta el 3 de julio último.
De los 1.045 menores víctimas de la pandemia en el Perú, el 26% eran bebés y tenían como máximo un año de edad. Asimismo, si bien el pico de fallecimientos se reportó en agosto del 2020 (111 fallecidos en solo 31 días), entre marzo y mayo de este año el promedio mensual no bajó de 79. Un incremento sostenido que coincide con la segunda ola en nuestro país.
En cuanto a la distribución territorial, Lima Metropolitana concentra al 25% de decesos (a diferencia del resto de grupos etarios donde llega al 41%), seguido de Piura (7,8%), Ucayali (7,4%), Lambayeque (5,6%), Loreto (5,6%) y Junín (5%).
Raúl Urquizo, representante del Colegio Médico del Perú (CMP), explicó a este Diario que esos datos son relevantes para que el Ejecutivo tome decisiones respecto al rol de los niños, niñas y adolescentes en plena pandemia. De hecho, hace unos días el Minsa anunció la incorporación de personas entre 12 y 19 años al Plan Nacional de Vacunación, y el Ministerio de Educación emprendió ayer la inmunización de maestros, a fin de evaluar el reinicio de clases presenciales.
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“Se requiere también concientizar a la población, porque está muy instaurada la idea de que los menores contagian muy poco o no se pueden enfermar. Esto deriva en el descuido y el posterior incremento de fallecimientos, sobre todo entre los recién nacidos. Además se debe trabajar con toda la comunidad educativa, ya que la reapertura de colegios debe darse cuando el 70% de peruanos esté totalmente vacunado, no antes. Los niños y adolescentes serán claves en el avance de una eventual tercera ola”, dijo.