Pablo Picasso retratado en 1971 en Mougins, Francia. (Foto: AFP / Ralph Gatti)
Pablo Picasso retratado en 1971 en Mougins, Francia. (Foto: AFP / Ralph Gatti)
Por Czar Gutiérrez

No es casual que el monumental, heroico y orgiástico minotauro haya sido la bestia favorita del deslumbrante artista malagueño: en el cruce exacto entre la mitología cretense y la tauromaquia española, ese híbrido hombre-toro resultó ser algo más que una exquisita sucesión de grabados sobre plancha de cobre: esa bestia era él. Ese organismo metamórfico rodeado de mujeres en abierta disposición al fornicio, ese monstruo erguido y sediento, blandiendo un cuchillo de acero junto a su punzocortante masculinidad, era él.

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