Roma, 8:41 p.m., 7°C.

Salí de mi hotel y tomé la Via Torino rumbo al Coliseo Romano. Hasta ese momento, Roma y yo no habíamos hecho match. Me parecía una ciudad excesivamente turística, tan llena de gente que era difícil disfrutar de los monumentos con calma. Venía de Suiza, uno de mis países favoritos, y el contraste con la Roma caótica me hacía pensar incluso en adelantar mi salida de la ciudad a buscar un lugar más tranquilo.

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Pero todo cambió cuando llegué corriendo al Colosseo

Ver el Coliseo de noche es otra cosa. Menos turistas, luces cálidas, la Via degli Annibaldi completamente vacía y el sonido de mis pasos golpeando los sampietrini de hace más de 2.000 años. Fue surreal. .

Yanira Dávila | Entre runners
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8 kilómetros mágicos

Paré unos minutos para digerir lo que estaba viviendo y tomar una foto. Aproveché además una de las máquinas de agua potable —gratuita y deliciosa— que hay cerca del Coliseo para llenar mi flask y seguir la ruta. Pasé por el Arco de Constantino, el Circo Massimo, crucé el Ponte Garibaldi rumbo al Panteón, seguí por el Templo de Adriano, la Fontana di Trevi y, ya de regreso, me encontré con el Largo di Torre Argentina.

Fueron 8 km mágicos. Sentí que estaba corriendo dentro de un museo al aire libre y que, en ese momento, ninguna otra experiencia runner podía competir con esa.

Yanira Dávila | Entre Runners
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Correr en Roma no es fácil

Hay desnivel (70 m positivos y 59 m negativos), cambios abruptos y calles antiguas que no siempre son cómodas. No es una dificultad extrema, pero sí real. Aun así, la experiencia lo vale completamente. Además, no hay mejor forma de conocer una ciudad que corriéndola. La experiencia fue tan buena que al día siguiente me animé a sumarme a un social run de Alo, la tienda de ropa deportiva en Via del Babuino, que funciona como punto de encuentro para runners de todos los niveles casi todos los sábados por la mañana.

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Algún día —cuando sea pro, o al menos un poco más experimentada— me anotaré a la maratón de Roma y probablemente me emocione hasta las lágrimas. Si pasan por Roma: corran. Piérdanse por sus calles, carguen carbohidratos con una de las mejores pastas del mundo y déjense sorprender. Lo recordarán toda la vida.

Yanira Dávila | Entre Runners
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Gracias por leer.

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