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Mirar el mundo desde la cima es experimentar la máxima sensación de libertad. Llegar a las alturas produce adrenalina y el poder de dominar los paisajes. Subir cerca del cielo, pisando la tierra y rocas, como lo hicieron los antiguos peruanos en sus peregrinaciones, ha sido una manera de reconectar con ese pasado.
Mirar el mundo desde la cima es experimentar la máxima sensación de libertad. Llegar a las alturas produce adrenalina y el poder de dominar los paisajes. Subir cerca del cielo, pisando la tierra y rocas, como lo hicieron los antiguos peruanos en sus peregrinaciones, ha sido una manera de reconectar con ese pasado.
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Actualmente, se encuentran en redes sociales más opciones de caminatas y visitas a los cerros y apus de la ciudad. Se organizan en grupos, alistan las zapatillas y ropa cómoda, para partir muy temprano hacia el encuentro de hermosos paisajes naturales y, muchas veces, con elementos arqueológicos que dan fe de la historia y valor simbólico de nuestros cerros. Algunos de ellos son considerados apus desde la visión andina, son los protectores y los que proveen.

En sus investigaciones, el arqueólogo y gestor cultural Julio Abanto nos da detalles de los apus de Lima como San Jerónimo y Cerro Colorado, considerados así por las huellas que se han encontrado desde su pasado prehispánico. “En la Biblia, cuando Abraham quiere hablar con Dios va a la montaña. Es lo mismo. La montaña es ese espacio de conexión sagrada. A través del tiempo, las culturas prehispánicas desarrollan una manera de entender en qué momento tenían que hablar con sus dioses”, explica Abanto sobre lo que son los apus. Era en estas alturas, mirando el cielo y las estrellas, como las antiguas sociedades podían establecer un calendario de lluvias, por ejemplo.

Siguiendo las pistas de geoglifos llegaron a Canto Grande donde se encontraron con Cerro Colorado, una montaña de 2.240 m.s.n.m. Para el arqueólogo, Cerro Colorado le sigue en importancia a Pachacámac y tiene evidencia de peregrinación desde hace 5 mil años (similar a Caral). Llegaban de distintos lugares del Perú, incluso han encontrado cerámica cusqueña. “Cuando estás en la cumbre del San Jerónimo, ocurre lo mismo. Vas a encontrar diferentes estilos de alfarería porque de eso se trata. Ha sido un lugar venerado a través del tiempo”, refiere Abanto.

Respecto al apu San Jerónimo, existen fuentes escritas donde se menciona que en la cumbre se colocaron cruces. Con una exploración más minuciosa, Abanto encuentra evidencias de un antiguo sitio de veneración, culto y poblaciones antiguas. Actualmente, ha cobrado mayor relevancia y visibilidad, pues es uno de los destinos para el turismo local. Para empezar, lo rodean tres distritos: San Juan de Lurigancho, Rímac e Independencia. En temporada de invierno, reverdecen las conocidas Lomas de Amancaes hacia donde se suelen organizar caminatas. En lo más alto, desde las Lomas El Mirador, nació un proyecto liderado por Jorman Cabello que busca incentivar el turismo de la zona en colaboración con los vecinos con la creación de un puente colgante, se realizan actividades como trekking y hasta se puede disfrutar de experiencias gastronómicas como parte de la ruta.

Por otro lado, la promotora cultural Ketty Condor, quien suele organizar caminatas a distintos lugares del país, presentó a inicios de febrero una muy especial en San Jerónimo. Ella nos comenta que no pueden ser recurrentes porque las rutas que sigue no son turísticas ni están preparadas para recibir cómodamente a muchas personas. “Al momento, es una zona que no tiene acceso y pueden hacerla personas que tengan práctica porque es una caminata con cierta exigencia”, sostiene.

El cerro San Cristóbal, también considerado apu de la ciudad, es un destino clave de peregrinación católica para la capital. Cada Semana Santa, la fe mueve montañas de gente hacia la cumbre de este modesto promontorio —que se eleva aproximadamente 400 m.s.n.m., mientras que San Jerónimo alcanza los 700 m.s.n.m.— situado entre el Rímac y San Juan de Lurigancho. Desde la cruz que lo corona, el San Cristóbal ha sido mirador de miles de familias que suben cada año, cuidándose de sus peligros, a rezar y disfrutar las vistas de la capital.

Apus y montañas se convierten en miradores naturales para la ciudad, al igual que nuestro Morro Solar en el lado sur más cerca del mar. Capturado por la neblina, incluso en verano, este morro chorrillano representa uno de los retos deportivos más frecuentes para el entrenamiento de runners y ciclistas. ¿Que otras alturas de Lima conoces y nos invitas a visitar? //
El pasado 1 de febrero, la promotora cultural Ketty Condor organizó una visita al apu San Jerónimo en compañía del arqueomodista Adrián Ilave y el investigador Pedro Espinoza. Junto a un grupo numeroso de personas, caminaron hacia la cumbre del cerro para reconocer su pasado e importancia desde nuestra historia prehispánica. La caminata no es fácil porque no existe una ruta definida, pero la satisfacción de llegar, sentir la brisa fresca y el cielo más cerca, es inmensa para sus visitantes. Próximas y diferentes rutas en su página de Instagram: @kettycondor.
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