
¡Buen lunes, tricampeones! En Universitario los refuerzos no llegan a adaptarse: llegan a rendir. Y si no lo hacen, el Monumental se los recuerda rápido. Tres fechas han bastado para que el 2026 empiece a dibujar los primeros rasgos de una camada que todavía está en construcción, pero que ya deja señales claras.
A Diego Romero lo vi empezar con un error que pudo marcarlo. El blooper ante Cienciano quedó instalado como un titular fácil, pero el fútbol suele ser más justo cuando se observa el detalle. Ante ADT y Cusco FC respondió con reflejos y velocidad. No fue un arquero espectador. Intervino, sostuvo y firmó al menos dos salvadas por partido. En un equipo que defiende hacia adelante, eso vale.
Caín Fara, en cambio, entró como si llevara años vistiendo la crema. Es, hasta ahora, el extranjero que más ha jugado, más ha chocado y más ha entendido el ADN del club. Lo vi de stopper y también de líbero, siempre agresivo, siempre al límite. Ese filo entusiasma, pero también preocupa. Si no regula, la ‘U’ puede perderlo por suspensiones que el calendario no perdona.
Al que más espero es a Lisandro Alzugaray. Se le nota hambre, movilidad y lectura para convivir con Alex Valera en el frente de ataque. Todavía no encuentra el gol, pero sí los caminos. Hoy es su mejor acompañante. En un equipo que ya tiene memoria ofensiva, el gol llegará si mantiene esa insistencia.
Héctor Fértoli, en cambio, sigue siendo un boceto. Ha jugado poco y sin un lugar definido. A ratos interior, a ratos segundo delantero. No alcanza todavía para una conclusión. Está en esa zona incómoda donde el tiempo apremia, pero la evaluación necesita paciencia.
Sekou Gassama debutó con una escena honesta: aplausos al entrar, dudas al salir. Sus primeros minutos ante Cienciano dejaron claro que aún está lejos de su mejor ritmo. No es un juicio, es una constatación. La Liga 1 no espera procesos largos.
Y Miguel Silveira, por ahora, es una incógnita. No ha sumado minutos y su nombre vive más en la expectativa que en el juego.
Así arranca el año de los refuerzos: entre promesas, urgencias y la certeza de que en Universitario el margen de adaptación es mínimo. Aquí no basta con llegar. Hay que impactar.
¡Nos leemos el próximo lunes!









