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La consulta popular a través de los años, por Francisco Miró Quesada Rada

“Los referéndums también han sido utilizados por las dictaduras para poner las instituciones democráticas al servicio de los tiranos”.

Francisco Miró Quesada Rada Ex director de El Comercio

Referéndum

“Alguna autoridad importante debería organizar audiencias populares en las regiones”. (Ilustración: Giovanni Tazza)

Aunque los atenienses ya tenían un mecanismo para consultar los proyectos de ley que elaboraba el Consejo de los Quinientos, el término ‘referéndum’ es latino, y fue utilizado con mucha frecuencia por los romanos, sobre todo durante la República. Quiere decir lo que debe ser consultado. Deriva de ‘referee’, que significa consultar.

El referéndum es pues la consulta de leyes al pueblo (‘populus’), que entre los romanos era la reunión entre patricios y plebeyos. Estos últimos, a su vez, tuvieron otro tipo de consulta que llamaron plebiscito. Era una consulta entre plebeyos sobre normas de su interés convocada por una autoridad plebeya. La diferencia entre ambas formas de consulta –referéndum y plebiscito– se debió a que Roma tenía una organización social con clases muy marcadas entre patricios (los aristócratas) y los plebeyos (personas libres, sin privilegios). Como se sabe, los esclavos vivían en una situación de inferioridad total y de dominación absoluta.

Otro caso notable es el suizo. El referéndum comenzó a utilizarse en los cantones de ese país a partir de 1215, en plena Edad Media, en un año que nos recuerda la firma de la famosa Carta Magna de los ingleses durante el reinado de Juan Sin Tierra. En estos cantones, que luego se unirían para conformar la Confederación Helvética, cada norma elaborada por la autoridad era consultada a través de un referéndum; es decir, solo se convertía en ley si era aprobada por el pueblo. Esta costumbre continúa vigente hasta hoy con algunas limitaciones establecidas en la Constitución de este país que data del siglo XIX.

Por otro lado, ahora que un sector de Cataluña quiere independizarse de España, ha resurgido una consulta que fue común en el siglo XVIII. El referéndum de soberanía se remonta a 1791, cuando los delegados municipales del condado de Venaissin (en Aviñón, Francia) votaron en una consulta popular por incorporarse al país galo para separarse de la soberanía papal.

Los referéndums más recientes de este tipo se han realizado en Timor del Este (1999), Montenegro (2006) y Sudán del Sur (2011). Hay también referéndums que determinaron la forma de gobierno de un país. El de Italia (1946) se realizó para que el pueblo eligiese constituirse en una república en detrimento de la monarquía.
En Francia se han producido tres referéndums con gran impacto. El de la independencia de Argelia; otro relacionado con la división territorial –donde ganó el No– que provocó la renuncia de Charles de Gaulle porque, a su juicio, el pueblo había rechazado su propuesta de regionalización; y el más reciente, en el que los franceses rechazaron la Constitución Europea.

Pero quizá el más sorprendente de todos los referéndums realizados en Europa ha sido aquel en el que la mayoría de ingleses optó por abandonar la Unión Europea.

En un referéndum no hay término medio; o gana el Sí o gana el No.
En América Latina se han realizado importantes consultas que determinaron el retorno a un régimen democrático. Ejemplos de esto fueron los referéndums para continuar con la dictadura de Augusto Pinochet en Chile (1988) o la convocada por los militares uruguayos para legitimar un gobierno de facto (1980). En ambos casos, ganó el No.

Sin embargo, los referéndums también han sido utilizados por las dictaduras que buscaban manipular las instituciones democráticas para ponerlas al servicio de los tiranos, minándolas por dentro. Para que una consulta sea democrática no basta con que se lleve a cabo; debe realizarse dentro de un contexto político democrático con libertades plenas y sin ningún tipo de restricciones.

En el caso del Perú, se han realizado tres consultas autoritarias (efectuadas durante los mandatos de Augusto B. Leguía, Óscar R. Benavides y Alberto Fujimori) y dos democráticas (la propuesta de regionalización de Alejandro Toledo y la más reciente, sobre el destino del dinero del Fondo Nacional de Vivienda o Fonavi). Durante el gobierno de Francisco Morales Bermúdez, hubo también una consulta sobre la autonomía regional de los ciudadanos de Ucayali, en relación con su permanencia en la región de Loreto. Luego de que ganara el No, Ucayali pasó a convertirse en una nueva región del Perú.

Ahora que el referéndum ha sido planteado por el presidente Martín Vizcarra, ya se ha iniciado el lógico debate de las propuestas. Y está bien que así sea, porque en una democracia la deliberación es fundamental. Este debate, hasta ahora, se desarrolla entre los congresistas, los expertos y el periodismo. Sería recomendable escuchar también qué piensa el ciudadano, que está fuera de este circuito y que compone la mayoría. Para ello, alguna autoridad importante –que puede ser el presidente, el primer ministro, el presidente del Congreso u otra, como el defensor del Pueblo– debería organizar audiencias populares en las regiones. De esta manera, la ciudadanía se podría incorporar al debate y convertirse en actora y no solo observadora del proceso. Si eso ocurre, estará más comprometida.

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