Estaba leyendo sobre la captura de Maduro y, de repente, se acercó mi nieto Mateo de 10 años y me dijo: “Por fin sacaron del poder a ese tirano malvado”, y luego agregó: “Pero a Trump también tienen que botarlo del poder”. Le pregunté por qué y él respondió: “Porque es malo”.
El niño tiene razón. Tanto las dictaduras como el imperialismo están asociados a la maldad. Porque ambos privan de la libertad a los pueblos que dominan y porque imponen el poder del más fuerte sobre el más débil. Eso es lo que está haciendo Putin en Ucrania y eso también lo hace Trump en Venezuela, porque el presidente estadounidense ha decidido asociarse –con una espada de Damocles– con la mafia que secunda a Maduro: han apoyado y justificado los abusos y crímenes contra los derechos humanos de ciudadanos venezolanos cuya mayoría sigue en la cárcel.
Trump, que sin duda tiene afanes imperialistas, usa el argumento de la transición con un gobierno chavista justificando un cambio político más “seguro” y “estable” para Venezuela, sin duda pretexto para quedarse más tiempo en el país llanero y capturar toda su producción petrolera para los grupos de poder estadounidenses.
Si realmente hubiese querido restablecer la democracia, habría inmediatamente reconocido el triunfo en las urnas de Edmundo González Urrutia, secundado con la premio Nobel María Corina Machado, a quien ninguneó diciendo que no estaba preparada para gobernar porque las Fuerzas Armadas venezolanas no le harían caso. En consecuencia, Estados Unidos, o sea él, va a gobernar. En el fondo un argumento falaz.
Incluso se cree que Trump quiere suspender las elecciones intermedias por temor a perderlas. Por eso llama la atención y desilusiona que Machado le haya regalado el Premio Nobel de la Paz. Su desinterés por la democracia se debe a su interés por el petróleo venezolano y por eso prefiere negociar con lo que él llama narcoterroristas en el poder; es decir, con los maduristas, un hecho que con razón Andrés Oppenheimer, en reciente artículo, calificó de “madurismo sin Maduro”.
Mala, muy mala la situación de Venezuela que está sufriendo; el excanciller Manuel Rodríguez Cuadros considera “que se ha instalado una diplomacia del poder”. Así queda justificado el malvado imperialismo estadounidense encabezado por Donald Trump, un presidente que se zurra en el derecho internacional y amenaza con invadir Groenlandia, Cuba, México y Colombia (aunque Petro intenta apaciguar la prepotencia de Trump) si no hacen lo que él quiere.
Es la primera vez que Estados Unidos invade un país sudamericano. Creo que vamos a necesitar varios José Martí para evitar que los malvados dictaimperialistas gobiernen y se dividan el mundo. Estamos advertidos.
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