Es increíble cómo unas elecciones legislativas locales de medio término han sido tan relevantes para la política argentina, al punto de sacudir los cimientos del proyecto libertario del presidente Javier Milei. A dos días de la derrota estrepitosa de su partido, La Libertad Avanza, frente al peronismo en los comicios de la provincia de Buenos Aires, la motosierra fue sacada de la foto, literalmente.
La herramienta símbolo de este gobierno, que resume su política de recortes fiscales para controlar la inflación y que suele aparecer en primer plano en las fotos del despacho presidencial, fue guardada estratégicamente para una imagen publicada en X. Allí se ve al mandatario junto a su ministro de Economía, su jefe de Gabinete y el flamante ministro del Interior, en un gesto a los gobernadores provinciales que han venido siendo denostados por el Ejecutivo. Como parte de la reestructuración llevada a cabo por Milei desde que inició su mandato en diciembre del 2023, el despacho del Interior fue reducido a una secretaría, quitándole peso a la presencia de las provincias, un error que ahora pretende enmendar.
Sin embargo, el tiempo no juega a favor de Milei. Después de la derrota en Buenos Aires, el distrito electoral más grande del país, el oficialismo solo tiene algunas semanas para sacar la cabeza. El 26 de octubre serán las elecciones legislativas nacionales y no puede perder las pocas curules que tiene, pero tampoco puede permitir que el peronismo gane más si quiere mantener la gobernabilidad.
Estas semanas están siendo complicadas para el libertario, entre las denuncias de corrupción contra su hermana –que prácticamente cogobierna con él–, el descontento de la población que ha sufrido las consecuencias de los ajustes y una prensa que ha comenzado a darle la espalda.
Y del otro lado está la oposición, expectante para pescar a río revuelto. Pese a la división interna que mantienen, se congregaron alrededor de la estrategia de Axel Kicillof, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, de optar por elecciones separadas a las nacionales, pese a la reticencia de la propia Cristina Fernández de Kirchner. La expresidenta y Kicillof están distanciados y no se hablan directamente, pero saben que este no es el momento para hacer evidentes sus diferencias.
Por ahora, el exministro de Economía se ha convertido en la cara triunfante del peronismo y, quizá, de una nueva etapa que busque dejar atrás el kirchnerismo y la grieta que se formó en torno a ello, con todas las consecuencias que trajeron para la economía y la política argentina. O quizá es solo una estrategia para volver por sus fueros. Pero no es un dato menor que el domingo le empezaran a cantar “Axel presidente”.
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