Lo que debía ser una disculpa terminó siendo una justificación. Para la Casa Blanca, que Donald Trump le haya dicho “¡Calla, cerdita!” a una periodista es parte de la “franqueza” y “honestidad” con la que el presidente de Estados Unidos trata a los medios de comunicación. Pero seamos realistas. Esperar que el mandatario pida perdón por insultar es aspirar demasiado, sobre todo cuando se ha acostumbrado a denostar la labor de la prensa que lo cuestiona, en especial si se trata de reporteras mujeres.
Esta semana, en el Salón Oval, reprendió a Mary Bruce, de ABC News, quien asistió a la conferencia conjunta de Trump con el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman. Desde decirle que era una “terrible periodista” y criticar “su actitud”, hasta amenazar con quitarle la licencia a la cadena de noticias donde trabaja solo porque señaló lo que cualquier periodista incisivo debía preguntar: el papel que jugó el monarca en el asesinato de Jamal Khashoggi en el 2018, un reportero crítico del régimen saudí; los intereses del negocio familiar de Trump en el reino; y la publicación de los controvertidos archivos del pederasta Jeffrey Epstein.
Desde que se inició la segunda etapa de la administración Trump, el presidente ha tenido injerencia en asuntos de prensa que antes le correspondían a la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca, como el acceso de periodistas al Salón Oval, o la asignación de puestos para las agencias de noticias en las conferencias. Pero más allá de los calificativos, hay algo en lo que debemos poner el foco: las millonarias movidas que se están dando entre los conglomerados de medios estadounidenses. Y la reciente amenaza a ABC se enmarca en este contexto. Ya en setiembre, el canal debió sacar del aire al humorista Jimmy Kimmel, un férreo crítico del mandatario, pero lo tuvo que reponer días después debido a la ola de indignación (y caída de suscriptores en Disney+, propietaria del canal).
Paramount Skydance, del trumpista David Ellison, está muy cerca de comprar Warner Bros Discovery, que tiene entre sus canales a CNN, la emblemática cadena de noticias tildada de ‘fake news’ por Trump, una adquisición que podría concretarse sin problemas legales en el camino. En julio, Paramount pagó un acuerdo de US$16 millones al presidente luego de que este demandara a CBS, de la que es dueña, por una entrevista en la que afirmó sentirse perjudicado. Este canal, poco después, anunció que no renovaría el programa de otro comediante, Stephen Colbert, curiosamente otro crítico de Trump. Así, mientras los periodistas reciben insultos, los verdaderamente poderosos están haciendo acuerdos para mover sus fichas de acuerdo con sus intereses.
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