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Mucho carbono, pocas ideas, por Enzo Defilippi

“Si algo demuestran los trabajos de Romer y Nordhaus es que sin una intervención adecuada la economía produciría demasiado carbono y muy pocas ideas”.

Enzo Defilippi Profesor de Pacífico Business School

Premio Nobel de Economía

“Un importante corolario de los trabajos de Romer es que el crecimiento económico basado en ideas sí es sostenible en el tiempo”.

El último lunes, la Real Academia de Ciencias de Suecia anunció a los ganadores del Premio Nobel de Economía 2018: los estadounidenses Paul Romer y William Nordhaus, por haber diseñado las herramientas necesarias para entender cómo los mercados y la conducta económica afectan el conocimiento y la naturaleza.

Antes de Romer, la teoría económica dominante (el modelo de Solow) explicaba el crecimiento económico como una consecuencia de la acumulación de capital físico (infraestructura, maquinaria y equipos). Pero para que esto se cumpla la productividad de la mano de obra tiene que aumentar con el paso del tiempo (de lo contrario, la producción crecería a tasas cada vez menores). Y como no se entendía bien por qué, se suponía que ello se debía a un cambio tecnológico producido exógenamente. Romer contribuyó a nuestro entendimiento de los procesos económicos al explicar cómo el cambio tecnológico (la generación de conocimiento) es producido, endógenamente, en los mercados.

De acuerdo con este académico, el cambio tecnológico ocurre cuando las empresas pueden excluir a otras de los beneficios generados por sus innovaciones. Es decir que los mercados, al dejar de promover ideas valiosas cuando no generan utilidades, generan menos innovación que la que podrían producir. En consecuencia, para que se produzca un nivel óptimo de cambio tecnológico se requieren intervenciones estatales bien diseñadas, subsidios a la innovación y políticas de protección a la propiedad intelectual que incentiven la generación de nuevas tecnologías sin impedir su aprovechamiento por el resto de la sociedad.

Debido a que, a diferencia del capital físico, la acumulación de ideas no produce rendimientos cada vez menores, un importante corolario de los trabajos de Romer es que el crecimiento económico basado en ideas sí es sostenible en el tiempo.

Nordhaus también extendió el modelo de crecimiento de Solow, pero para incluir los efectos causados por las emisiones de carbono y el cambio climático. Para ello, combinó teorías y resultados de la física, la química y la economía. Él fue el primero en diseñar modelos cuantitativos de la relación entre la economía y el clima que permiten simular su evolución bajo diferentes escenarios y políticas públicas. Fue él quien inventó la idea de los impuestos al carbono.

Para Nordhaus, la relación entre naturaleza y economía es bidireccional. Considera a la naturaleza como una restricción para la realización de actividades humanas y también como un medio fuertemente influido por ellas. Curiosamente, el anuncio de la academia sueca se produjo el mismo día en que se publicó el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el cual señala que para limitar el calentamiento global a 1,5 °C con respecto a la era preindustrial se necesitarían cambios sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad. Varios de los análisis que sustentan las conclusiones de este informe se basan en los modelos desarrollados por Nordhaus.

Los trabajos de ambos galardonados tienen en común buscar solucionar fallas de mercado (situaciones en las que la libre interacción de la oferta y la demanda no genera un resultado óptimo). Como dice un colega, si algo demuestran los trabajos de Romer y Nordhaus es que sin una intervención adecuada la economía produciría demasiado carbono y muy pocas ideas.

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