1/8En el albergue San Pablo, en Catacaos, sobreviven 450 familias damnificadas que buscan la manera de salir adelante, pese a las adversidades. (Foto: Ralph Zapata)
1/8En el albergue San Pablo, en Catacaos, sobreviven 450 familias damnificadas que buscan la manera de salir adelante, pese a las adversidades. (Foto: Ralph Zapata)
2/8María Acedo Vilchérrez sufrió un derrame facial hace dos meses. Ella vive con sus hijos en una carpa, y está construyendo de a pocos su casa en el terreno que le donó la Comunidad Campesina de Catacaos. (Foto: Ralph Zapata)
2/8María Acedo Vilchérrez sufrió un derrame facial hace dos meses. Ella vive con sus hijos en una carpa, y está construyendo de a pocos su casa en el terreno que le donó la Comunidad Campesina de Catacaos. (Foto: Ralph Zapata)
3/8Cristóbal Timaná y su esposa viven en una carpa a la entrada del campamento San Pablo. EL dirigente dice que luchará hasta el final para conseguir que el Ministerio de Vivienda construya allí un complejo habitacional. (Foto: Ralph Zapata)
3/8Cristóbal Timaná y su esposa viven en una carpa a la entrada del campamento San Pablo. EL dirigente dice que luchará hasta el final para conseguir que el Ministerio de Vivienda construya allí un complejo habitacional. (Foto: Ralph Zapata)
4/8Un grupo de niños juega fútbol cerca del colegio temporal que se ha instalado en San Pablo, para que estudien los escolares damnificados por las lluvias. (Foto: Ralph Zapata)
4/8Un grupo de niños juega fútbol cerca del colegio temporal que se ha instalado en San Pablo, para que estudien los escolares damnificados por las lluvias. (Foto: Ralph Zapata)
5/8Roxana Sosa Valencia, de Pedregal Grande, vive en una carpa desde el 27 de marzo, cuando se desbordó el río. Ella también es artesana y trabaja con paja toquilla. (Foto: Ralph Zapata)
5/8Roxana Sosa Valencia, de Pedregal Grande, vive en una carpa desde el 27 de marzo, cuando se desbordó el río. Ella también es artesana y trabaja con paja toquilla. (Foto: Ralph Zapata)
6/8Lindaura Chero Coveñas es una joven madre de familia que también sobrevive en el campamento San Pablo. Se gana la vida tejiendo artículos con paja toquilla, junto a otras 50 artesanas más. (Foto: Ralph Zapata)
6/8Lindaura Chero Coveñas es una joven madre de familia que también sobrevive en el campamento San Pablo. Se gana la vida tejiendo artículos con paja toquilla, junto a otras 50 artesanas más. (Foto: Ralph Zapata)
7/8Celinda More Marcelo y su hija María Silva More sobreviven en San Pablo en precarias condiciones. (Foto: Ralph Zapata)
7/8Celinda More Marcelo y su hija María Silva More sobreviven en San Pablo en precarias condiciones. (Foto: Ralph Zapata)
8/8En San Pablo la vida es dura: no hay energía eléctrica, y los pobladores deben cargar agua potable en baldes todos los días. (Foto: Ralph Zapata)
8/8En San Pablo la vida es dura: no hay energía eléctrica, y los pobladores deben cargar agua potable en baldes todos los días. (Foto: Ralph Zapata)
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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Roxana Sosa Valencia, de 29 años, es una madre soltera que escapó a duras penas de la inundación que devastó el Bajo Piura en marzo de este año debido a los embates de El Niño costero.
Apenas con lo que llevaba puesto, ese 27 de marzo abandonó su natal Pedregal Grande, en el distrito de Catacaos, para refugiarse en un arenal donde sobrevive hasta ahora, nueve meses después. Ahí, en el campamento San Pablo, vive en una carpa, al igual que otras 450 familias que huyeron de la catástrofe.
No hay energía eléctrica, cargan agua potable en baldes todos los días, deben caminar bajo un sol brutal y hundir sus pies en dunas de arena caliente que es parte del camino que los lleva a casa. Un hogar que para ellos es un rancho de esteras, planchas de triplay y techos de calamina a medio cubrir. Dentro de estas viviendas improvisadas resaltan las carpas que trajeron del campamento San Pablo.
Hace tres meses, la comunidad campesina de Catacaos les donó un terreno de 18 hectáreas para que levanten ahí, de nuevo, su pueblo. Este se ubica justo detrás del inicial campamento San Pablo, donde ahora quedan apenas 25 carpas visibles. Las otras más de 400 carpas están dentro de las casas que han levantado con material rústico de la zona.
-Proyecto habitacional-
Cristóbal Timaná es el presidente de los refugiados de San Pablo, y también vive en una carpa junto a su esposa que pasa los días tejiendo productos de paja toquilla. El dirigente contó a El Comercio que ha coordinado con la Comunidad Campesina de Catacaos para que hoy les entreguen el certificado de donación del terreno de 18 hectáreas donde han levantado su pueblo.
“Con esos documentos viajaremos a Lima después de las fiestas de Año Nuevo para conversar con el ministro de Vivienda y pedirle que nos construyan un complejo habitacional en la zona, igual que lo harán en Cura Mori. Nosotros queremos construir nuestro pueblo aquí, no vamos a irnos”, comentó.
Bruce dijo en la última entrevista a El Comercio, hace unas semanas, que si el campamento San Pablo no tiene problemas legales y hay un terreno donado por la comunidad campesina de Catacaos, el ministerio podría construir allí un complejo habitacional al igual que en Cura Mori.
Timaná añadió que ninguna de las 450 familias damnificadas que viven en el campamento San Pablo se han inscrito para recibir el bono de S/500 que ofrece el Ministerio de Vivienda para el alquiler de una casa. “No queremos tener problemas porque ese dinero es para alquilar y nosotros nos vamos a quedar aquí. Lo que queremos es que nos construyan nuestras casas aquí en San Pablo”, dijo.
El alcalde de Catacaos, Juan Cieza, dijo que hasta el momento más de 2.300 personas se han empadronado en su municipio para recibir el bono de S/500. “La semana pasada ya hemos remitido esa información al municipio provincial para que vaya discriminando a los damnificados y a los que no lo son”, dijo el burgomaestre.
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