
“El ‘cachetón’ estaba cercado”. Es lo que responde el coronel PNP Guillermo Bonilla Arévalo cuando le consultamos cómo se movían los hilos en el interior del Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) a una semana de dar el gran golpe, hace ya 30 años. “Veníamos trabajando con mucha cautela más treinta meses, pero no podíamos perder la paciencia. Como los buenos cazadores, había que ir paso a paso tras los rastros de la presa”, comenta el también secretario ejecutivo de la macro región policial Lambayeque.
Pero llegar a este punto culminante del operativo, cuyo objetivo era atrapar a Abimael Guzmán, cabecilla del movimiento terrorista Sendero Luminoso, implicó la adopción de nuevas técnicas de inteligencia policial. “Los terroristas solían decir que tenían mil ojos y mil oídos”, nos dice Bonilla. “Y para nosotros no había duda que tenían muy bien planificado todo su accionar. Por eso, lo más complicado fue encontrar la manera correcta de abordarlos. En un inicio hubo mucha prueba y error”, recuerda.
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Misión oculta
De adolescente, a Guillermo Bonilla le gustó tanto la serie ‘Hawái 5-0’ que por eso se hizo policía: el detective Steve McGarrett, líder de una ficticia estación policial en las islas polinésicas, era su ejemplo a seguir. Convencido de su vocación, Bonilla ingresó a la Escuela de Oficiales y poco antes de culminar con su preparación, le comunicaron que formaría parte de la Dirección Contra el Terrorismo. Con solo 22 ingresó a trabajar al viejo edifico de la Dircote ubicado en la avenida España, que poco tenía que ver con paradisíacas playas hawaianas.
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Fue en la Dircote que conoció al coronel (r) Benedicto Jiménez. El fundador del GEIN lo invitó a formar parte de este grupo de élite policial desde su concepción, un 5 de marzo de 1990. Sus integrantes eran rápidamente identificados por los demás detectives: llevaban en sus espaldas una pequeña mochila con prendas de vestir, lentes, libros, herramientas y otros objetos para mimetizarse y no ser descubiertos. Los llamaban ‘los cazafantasmas’. “Las tareas de los detectives del grupo consistían en observar, vigilar y hacer seguimiento a los sospechosos de terrorismo, si era posible las veinticuatro horas del día”.
En los primeros años de lucha contra el terrorismo, la Dircote logró capturar a los autores materiales de una serie de atentados. Sin embargo, lejos de reducirse, estos se multiplicaron en casi todo el territorio peruano. “Entonces había que cambiar de estrategia: descabezar a las organizaciones terroristas y golpear a los órganos de dirección”, cuenta el coronel Bonilla. Para ello se adoptó el método de inteligencia operativa policial (IOP), con el que apuntaban a un blanco específico gracias a la información obtenida en las acciones de campo.

A los pocos meses rindieron los primeros frutos: los agentes hallaron documentación senderista en la cual Abimael Guzmán disponía que sus dirigentes estén alertas para evitar ser capturados por el nuevo destacamento de la policía. “Él, incluso, creía que el grupo era dirigido por la CIA de Estados Unidos, lo que nos confirmaba que el GEIN le significaba una amenaza real”, relata Bonilla. “Desde la ejecución del primer operativo, las organizaciones terroristas ya no eran las mismas. Habían sido penetradas en la parte que más les afectaba: su cerebro”.
Por su trabajo en esta división policial, Bonilla tuvo que renunciar a una vida familiar convencional. Para hacerse pasar como una persona común y corriente, iba con su pequeño hijo de un año a sus operativos de seguimiento, como si fuera un padre de familia cualquiera. Todo ello –explica el policía- contribuyó a finalmente lograr el objetivo trazado: un sábado 12 de septiembre de 1992, minutos después de la ocho, Abimael Guzmán fue arrestado en una vivienda de dos pisos de la calle 1, en la urbanización Los Sauces, Surquillo. Para capturar al hombre que había sembrado el terror en el país por casi una década solo se efectuó un disparo al aire.
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“Por su efectividad y respeto por los derechos humanos, la Operación Victoria es un caso único en el mundo”, comenta Guillermo Bonilla, quien fue declarado el 2017 ‘héroe de la democracia’ por el Congreso junto a otros 87 agentes que formaron parte del GEIN. “La captura de Abimael Guzmán fue un golpe mortal al terrorismo. Hoy no me puedo sentir más orgulloso de haber contribuido al proceso de pacificación de mi país”, finaliza. //
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