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Hoteles tan grandes como ciudades y una Esfera que parece de otro planeta: así es Las Vegas, un oasis de lujo en el desierto
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Las Vegas no se anuncia desde el aire, se revela después. Nos indican que estamos próximos a aterrizar y lo único visible mirando por la ventanilla es parte del desierto de Mojave. Ningún casino, ninguna infraestructura luminosa, ningún exceso anticipado. El silencio nos acompaña hasta casi tocar tierra, en donde empieza la transformación. Fuera del avión, la ciudad aparece de golpe. Su principal anfitrión es la Sphere —de la cual profundizaremos más adelante—, que no necesita de la oscuridad de la noche para impactar con su brillo único. Antes de salir del aeropuerto, las tragamonedas inundan el camino para recoger las maletas, insinuando a menor escala lo que nos espera fuera.
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Al cruzar las puertas automáticas del Harry Reid, el aire seco nos golpea el rostro aunque es breve, ya que solo diez minutos nos separan de nuestro alojamiento. El trayecto hacia el Wynn es corto pero prometedor: el horizonte desértico es consumido y cercado por una serie de hoteles impresionantes, como si de murallas se trataran, que parecen sacados de una superproducción de Hollywood. Todo sucede sobre el famoso Strip, principal e icónica avenida, que termina siendo el escenario perfecto donde cada edificio compite por el galardón al más ostentoso.
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Dentro del Wynn se abre otro mundo que, sin miedo a equivocarme, podría asegurar se replica en sus vecinos, cada uno bajo su propio estilo. Los arreglos florales, las esculturas, el diseño lujoso y los juegos mecánicos, cautivan desde el inicio, generando una sensación de estar en un inmenso centro comercial repleto de boutiques que irradian exclusividad. En un momento, estos elementos se combinan con los amplios salones de apuestas, que tienen temáticas para todos los gustos. La idea de haber entrado a un anexo de Las Vegas toma más fuerza al dirigirnos hacia los elevadores —sitio que encontramos gracias al mapa entregado en recepción—, sintiéndonos como en algún parque de Disney.
Caminar en la ciudad más grande del estado de Nevada es aceptar que las distancias mienten, todo está más alejado de lo que parece. Debemos dirigirnos al Venetian y Google Maps nos marca dos tiempos: 5 minutos en auto y 13 a pie. Convencidos de que la encontraremos al lado del Wynn —alejándose unos metros de la entrada podemos verla al levantar la mirada—, optamos por la segunda opción. Sin embargo, el recorrido termina siendo más largo de lo esperado por varios motivos: la cantidad de gente transitando Las Vegas Boulevard, las pantallas gigantes que no duermen e invitan a detenerse para tomarse una foto y la suerte de acertar con la entrada correcta en esos laberintos llamados hoteles.


Lo otro a entender es que estos refugios para los turistas, que operan simultáneamente casinos, son verdaderas ciudades verticales, que están lejos de ser únicamente lugares para el descanso del viajero. La caminata duró más de lo previsto, invitándonos a buscar un rincón para sentarnos y comer, pero el Venetian no da tregua. Basta dar unos pasos para trasladarse mágicamente a la Venecia italiana. Más que imitarla, sus interiores buscan reemplazarla, al menos por algunas horas. Su teatralidad, detallista y lograda, consigue que la experiencia aquí sea totalmente inmersiva. El recorrido se puede realizar entre canales y góndolas —disponibles a cambio de 39 dólares por persona—, bajo un precioso cielo celeste, que confunde y convence de que, allí dentro, el sol nunca se oculta. Hay que observar cuidadosamente el lienzo, perfectamente pintado en el techo, para comprender que es una simulación. El broche de oro lo ponen los puestos de gelato, que no tienen pierde.
Esa maravilla llamada Sphere
Existe la percepción de que si se viaja a Las Vegas es imposible no probar fortuna en alguna de las tantas máquinas que hay o gastarse unas fichas jugando póker; pero les apuesto que hay algo que lo supera: la Esfera. Como mencioné al principio, este recinto de entretenimiento te flecha desde que lo ves. No puedes escapar de ella, siempre está ahí. De día, asoma como una inmensa bola que a veces lleva el traje de un sol muy intenso, mientras que por las noches, cuando se disfraza de luna, te hace creer que puedes tenerla en la palma de tu mano. La tecnología que utiliza —la gigantesca pantalla exterior está integrada por millones de LED— oculta muy bien toda la infraestructura, haciendo que este atractivo parezca un elemento natural de la ciudad. Además, es capaz de recrear de manera muy realista escenas inimaginables. Es ciencia ficción pura.


Cuando estuvimos allá, en la cartelera estaba “El mago de Oz”, aunque aquello fue lo menos importante. Dentro de la Sphere cualquier plan es bueno, debido a que se viven tantas sensaciones que se pierde la noción entre realidad y espectáculo. Rápidamente, la pantalla envolvente te sumerge en la obra, hipnotizándote por completo. A ello se suman los cambios de temperatura o vientos fuertes, dependiendo de la función. Esta arena también alberga conciertos. Los Backstreet Boys se presentarán hasta la quincena de febrero. Si bien los precios no son tan económicos, vale la pena la inversión. En aquella oportunidad, las entradas que quedaban a la venta oscilaban entre los US$144 y US$349 (primera fila).
Como sucede en las grandes ciudades estadounidenses, en Las Vegas hay muchas cosas por hacer y mantenerse despierto como sus enormes edificaciones, que nunca apagan sus luces. Visitar el Bellagio y ver sus fuentes que se mueven al compás de las luces es una parada imperdible. Por otro lado, ir de compras es una actividad casi obligatoria en busca de aprovechar los mejores precios. Se tienen dos muy buenas alternativas: Las Vegas South Premium Outlets y Las Vegas North Premium Outlets, esta última es la preferida de los extranjeros. Un consejo: antes de comprar se debe calcular la tasa del impuesto, arriba del ocho por ciento.
Si estás planificando vacaciones, este es un destino a tener en cuenta. Siempre guarda una sorpresa. Es un lugar para andar con los ojos bien abiertos. Por ahí, sin buscarlo, te topas con algún espectáculo inesperado o el afiche de un concierto de último momento de alguna estrella, como el que vimos en el ascensor del Wynn de Mariah Carey. En Las Vegas nunca sabes lo que puede suceder. //

• Lleva una tarjeta de crédito
En los hoteles de Las Vegas se cobra por adelantado la garantía (depósito de seguridad) por cada noche de estadía. La tarifa en el Wynn fue de $150, teniendo que dejar US$750 para hacer el ‘check-in’. Por ello, debes asegurarte de tener los fondos necesarios para cubrir este concepto, que es obligatorio.
• Lee antes de tocar
En los cuartos de los hoteles de Las Vegas hay zonas con productos como vinos, agua, snacks, dulces, entre otros, las cuales tienen sensores. Si uno coge algo de ahí, tiene un determinado lapso de tiempo (30 segundos en el Wynn) para devolverlo a su sitio; de lo contrario se le cargará automáticamente a su cuenta, así no lo haya abierto. Con el minibar pasa lo mismo, aunque a veces el cobro es inmediato. Para evitarlo, nunca olvides de leer las notas con letras pequeñas en los distintos muebles.
• Traslados
Para salir del aeropuerto, lo más rápido y sencillo fue tomar un taxi de ahí. El costo es casi igual o menor que en Uber o Lyft. Sin embargo, en horas de alta demanda, es mucho mejor pedir uno por aplicación, porque hay largas filas para los taxis oficiales.
• Labios resecos
Debido al clima seco, es común que los labios se resequen rápidamente. Por ello, se debe llevar un ‘lip balm’ (bálsamo) para rehidratarlos. En la ciudad son vendidos en varias tiendas (Ross o Marshalls), no solo en farmacias.

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