
La llegada de una mascota a casa implica un cambio profundo para todos los involucrados. Aunque para las personas suele ser un momento de ilusión, para el animal representa una ruptura con todo lo conocido. Nuevos olores, espacios, sonidos y personas pueden provocar inseguridad, miedo o comportamientos inesperados, especialmente durante los primeros días.
Este período inicial es clave, ya que muchas de las conductas que se presentan no están relacionadas con la personalidad del animal, sino con el proceso de adaptación. Comprender esto evita frustraciones y ayuda a responder de manera adecuada.
El proceso de adaptación: qué es normal y qué no
Durante las primeras semanas, una mascota puede mostrarse más callada de lo habitual, rechazar el alimento, buscar esconderse o, por el contrario, mostrarse inquieta y demandante. Estas respuestas forman parte de un mecanismo natural frente al cambio.
Una referencia común para entender este proceso es la regla del 3-3-3:
- 3 días para descomprimirse del cambio y reducir el impacto inicial
- 3 semanas para empezar a reconocer rutinas y generar confianza
- 3 meses para sentirse segura y adaptada al nuevo entorno
Si bien no es una regla estricta, permite dimensionar que la adaptación es progresiva.
1. Esperar que la mascota se adapte de inmediato
Uno de los errores más frecuentes es asumir que, apenas llega a casa, la mascota se sentirá cómoda y confiada. En realidad, durante los primeros días su principal necesidad es evaluar si el entorno es seguro. Por eso, puede mostrarse distante, retraída o excesivamente vigilante.
Forzar interacciones, exigir obediencia o frustrarse ante la falta de avances solo aumenta el estrés. Lo más recomendable es permitirle explorar a su propio ritmo, respetar sus silencios y entender que la confianza se construye de forma progresiva.
2. Exponerla a demasiados estímulos en los primeros días
Muchas familias, motivadas por la emoción, quieren presentarle a todas las personas del hogar, sacarla a pasear o mostrarle cada espacio desde el inicio. Sin embargo, esta sobreexposición puede resultar abrumadora y provocar conductas como inquietud, temblores, ladridos o necesidad constante de esconderse.
Durante esta etapa, priorizar un ambiente tranquilo y predecible ayuda a que la mascota se sienta más segura. Las presentaciones, visitas y nuevas experiencias deben darse de manera gradual, respetando siempre sus señales.
3. Cambiar rutinas y alimentación de forma brusca
La adaptación no solo es emocional, también es física. Alterar horarios, tipo de alimento y dinámicas diarias al mismo tiempo puede generar malestar digestivo, rechazo del alimento o mayor ansiedad.
Mantener inicialmente rutinas similares y realizar los cambios de manera progresiva permite que el organismo y la mente del animal se adapten con menor impacto. La estabilidad en esta etapa es fundamental.
4. Castigar comportamientos asociados al estrés
Conductas como orinar dentro de casa, romper objetos o evitar el contacto humano suelen interpretarse como desobediencia, cuando en realidad son respuestas al miedo o a la inseguridad.
El castigo no solo no soluciona el problema, sino que puede deteriorar la confianza y agravar la conducta. En los primeros días, el refuerzo positivo, la paciencia y la observación son herramientas mucho más efectivas.
La confianza no se fuerza. Respetar la distancia y permitir que la mascota se acerque a su propio ritmo es clave para fortalecer el vínculo desde el inicio.

5. Forzar el contacto físico y la interacción
No todas las mascotas buscan caricias o cercanía inmediata. Forzar abrazos, cargar al animal o insistir en el contacto puede generar rechazo o aumentar su ansiedad.
Permitir que sea la mascota quien marque el ritmo del acercamiento ayuda a construir una relación basada en el respeto. Observar su lenguaje corporal es clave para entender cuándo se siente cómoda y cuándo necesita espacio.
6. No preparar adecuadamente el hogar
Un entorno desorganizado o sin un espacio definido puede dificultar la adaptación. La falta de un lugar propio puede hacer que el animal se sienta desorientado o inseguro.
Antes de su llegada, es importante contar con una zona tranquila donde pueda descansar, con agua, comida y objetos seguros. Este espacio funciona como un refugio que le da estabilidad.
7. Ignorar señales de alerta durante la adaptación
Si bien muchas conductas son normales durante los primeros días, algunas pueden intensificarse o prolongarse en el tiempo. Miedo extremo, agresividad persistente o rechazo total al alimento no deben normalizarse.
Reconocer estas señales y buscar orientación veterinaria o de un especialista en comportamiento a tiempo puede marcar una gran diferencia en el proceso de adaptación.
Los primeros días con una mascota no se tratan de hacerlo todo perfecto, sino de acompañar con paciencia y coherencia. Cuando se respetan sus tiempos y se evitan errores comunes, la adaptación se vuelve más saludable y el vínculo se fortalece desde el inicio.
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